Un recorrido por la historia del pueblo maya en Guatemala, desde sus orígenes hasta la actualidad

Un recorrido por la historia del pueblo maya en Guatemala

21 de Diciembre de 2010 | 

Reseña del libro ¿Por qué las armas? (Ocean Sur, 2008), de María del Rosario Valenzuela Sotomayor


por Ernesto Molina Molina

La Editorial de Ciencias Sociales [La Habana] publicó en el 2009 ¿Por qué las Armas? De los mayas a la insurgencia, de María del Rosario Valenzuela Sotomayor. En su presentación, la editorial agradece a Ocean Sur la cesión de sus derechos sobre este libro, para su comercialización exclusiva en el territorio de la República de Cuba. La obra fue ampliada por la autora para esa primera edición cubana.

María del Rosario Valenzuela Sotomayor nació en La Paz, Bolivia. Licenciada en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México, ha pertenecido al Instituto de Investigaciones Económicas de esa Universidad. En el propio país, fue miembro del equipo técnico de la Editorial Siglo XXI.

Por razones de mística y convicción social, ha estado involucrada en los procesos revolucionarios de América Latina y en particular en Guatemala. Ha residido en Argentina, México y Cuba. Su inquietud y trabajo la han llevado a conocer Francia, Holanda, Italia, España, Nicaragua y países árabes. Durante estos viajes ha contrastado distintas realidades sociales, experiencias que constituyen el núcleo de su pensamiento de investigación sobre el Tercer Mundo.

Lo mejor del estilo de Rosario Valenzuela es la excelente contraposición entre el enfoque histórico de los vencedores —conquistadores, colonizadores, explotadores— y el análisis crítico desde los conquistados, colonizados, explotados, en fin, de los pueblos originarios; relación que dignifica a quienes hoy siguen luchando por alcanzar toda la justicia de sus derechos conculcados e ignorados. Aun cuando la exposición resulta aparentemente muy sencilla y comprensible, hay un respeto por la inteligencia del lector para que él juzgue y acceda por sí mismo a todo lo que queda por hacer en Nuestra América y que fuera avizorado por sus próceres, entre ellos, Simón Bolívar y José Martí.

La creatividad que nos presenta este libro reside, precisamente, en el planteamiento de algunos problemas aún no resueltos en los programas de liberación nacional y social de los pueblos en nuestra región. Sin un profundo conocimiento de las identidades de los pueblos originarios, de sus culturas, de sus tradiciones, sobre todo de aquellas visiones cosmogónicas tan necesarias hoy para la sobrevivencia de la humanidad, del planeta, de la naturaleza, de la convivencia humana, del respeto por el “otro”; hasta tanto no se comprenda y sienta con Martí, que no hay tal “otro”, que somos una sola raza humana, los programas de lucha estarán incompletos y no será alcanzable toda la justicia humana.

No es casual que Marx y Lenin concedieran tanta importancia a la llamada “acumulación originaria del capital”. Aun cuando el subdesarrollo cristaliza en el siglo XX, y en época de Marx se encontraba en proceso de conformación, los hoy países “subdesarrollados”, en ese entonces eran países coloniales. Si bien vale la pena conocer los criterios de Marx, Engels y Lenin acerca del problema del colonialismo, también vale la pena conocer desde autores originarios del Tercer Mundo, desde sus fuentes, lo que significó la destrucción de los procesos naturales de desarrollo de los pueblos originarios de Nuestra América. Este es uno de los valores que presenta esta obra.

En El Capital hay un tratamiento del fenómeno colonial en cuanto este forma parte del llamado proceso de acumulación originara del capitalismo y muestra la rapacidad y la barbarie capitalista en la búsqueda de ganancias, cuestión que se trata en el capítulo 24 del libro. Para Marx la “llamada acumulación originaria del capital” no es más que el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de producción. Se llama “originaria” porque forma la prehistoria del capital y del régimen capitalista de producción. Y es denominada por Marx “llamada” —algo que no siempre se destaca suficientemente—, porque el origen del capital no fue esa “acumulación” de reservas por hombres previsores y ahorrativos, como se pretende presentar: el capital surgió “chorreando sangre y lodo por todos sus poros”.*

En esa época, las relaciones esclavistas y serviles fueron establecidas por el capital comercial en Nuestra América, que se combinó posteriormente con los intereses del capital industrial moderno, necesitado de materias primas y productos agrícolas a precios bajos.

La utilización en las colonias de sistemas de mano de obra que históricamente han correspondido a otras formaciones sociales —por ejemplo, la esclavitud y la encomienda en el caso americano—, muestra la gran flexibilidad del capital para adaptarse a las condiciones diferentes en que debe ejercer su dominación, subordinando así a formas precapitalistas de relaciones de producción. Para Marx “la esclavitud en las colonias, no es un hecho casual, sino una necesidad del desarrollo capitalista de esa época”. Por eso puede hablar explícitamente de la creación de la plusvalía sin que exista trabajo asalariado.

Lenin prestó especial atención, en sus estudios acerca del imperialismo, al problema nacional. Llegó a la conclusión de que el proletariado internacional debía apoyar la lucha nacional liberadora de la burguesía y las masas populares de las naciones oprimidas contra la burguesía de la nación opresora, pero sin perder de vista sus objetivos finales, la revolución socialista.

La explicación que brinda Carlos Marx en El Capital acerca del papel desempeñado por la Revolución Industrial en la consolidación del capitalismo, es fundamental para comprender el surgimiento de dos polos del desarrollo desigual del capital a escala mundial. El capital creó así una base objetiva para dividir a la clase obrera en la esfera internacional, tratando por este medio de hacer su cómplice a los obreros del país metrópoli con respecto a la explotación de los obreros y trabajadores de los países coloniales.

Sin embargo, hay algo que no se ha incluido en este análisis y que nuestra autora destaca muy especialmente. La división se extiende también en el Tercer Mundo. Los obreros y trabajadores de los países coloniales y neocoloniales también están divididos por “razones” de raza y origen étnico, que incluye el desprecio a los pueblos originarios, al desconocimiento de sus derechos, de su cultura e identidad.

Mientras más logra el capital dividir a los obreros, logra explotarlos más. Los obreros quieren tiempo para sí mismos, quieren energía después de trabajar, reducir la jornada, elevar el salario real: disminuir el grado de explotación. Los capitalistas empujan en dirección contraria. Para ello introducen nuevas tecnologías: para elevar el grado de explotación. La tecnología es un instrumento de la lucha de clases. Este análisis, muy presente en la teoría de Marx, ha de extenderse a aquellos pueblos a los cuales se les ha impedido acceder a la condición de incluidos en el seno de la clase obrera; y cuando se les ha permitido, ha sido bajo la condición de traicionar su propia identidad.

Antes del triunfo de la Revolución dominó en Cuba una estructura económica que respondía al modelo de una economía de plantación. Este modelo que en Cuba estuvo asociado a la caña de azúcar, en el caso de Guatemala estuvo vinculado al banano y su explotación por la United Fruit Company.

Cuba socialista heredó la economía de plantación diseñada al servicio del capital. ¿Hasta qué punto pudo la Revolución Cubana modificar ese diseño heredado y ponerlo al servicio de la sociedad cubana en su conjunto? Si Guatemala o cualquier otra nación centroamericana o de América del Sur conserva esa estructura típica del modelo de una economía de plantación, el problema se repite. Estamos en presencia de un libro que si bien refleja la historia económica, política y social de Guatemala, nos brinda también lecciones históricas para los pueblos de Nuestra América.

Este texto hace un recorrido por la historia del pueblo maya en Guatemala, desde sus orígenes hasta la actualidad. En sus páginas se demuestra como la conquista, el saqueo, el racismo, la exclusión, la sobreexplotación y los grandes conflictos por la tenencia de la tierra provocaron el subdesarrollo, la dependencia y la discriminación de quienes constituyen la mayoría de esta nación centroamericana. Esas son las causas fundamentales de la guerra que, durante treinta años, libró el pueblo guatemalteco por su liberación, con el mayor saldo de miles de muertos, desaparecidos y expatriados registrado en la historia de América Latina.

La autora fundamenta cómo la implantación de un férreo régimen dictatorial canceló toda posibilidad de encontrar soluciones pacíficas para los ancestrales problemas políticos, sociales, culturales de la nación, y obligó a responder a la violencia reaccionaria con la violencia revolucionaria.

Saludamos con cariño y respeto esta obra científica de María del Rosario Valenzuela Sotomayor.


Dr. Ernesto Molina Molina.
Doctor y profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales, Cuba.
Junio 17 del 2010.


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* Carlos Marx, El Capital, tomo I, capítulo XXIV, pp. 654- 657, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1973.



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