«Todo vale en Chile. Patéenlos en el culo. ¿Ok?»

10 de Septiembre de 2013 | 

Palabras de presentación al próximo título de la editorial Ocean Sur, La conspiración contra Allende

Por Juan Jorge Faundes


 

Nixon: All’s fair on Chile. Kick ‘em in the ass. Ok?

Kissinger: Right *

 

Por la mañana del 5 de octubre de 1971, conversan en el Despacho Oval de la Casa Blanca, Richard Nixon (presidente), H. R. Haldeman (jefe de Gabinete), John Connally (secretario del Tesoro) y Henry Kissinger (consejero de Seguridad Nacional). El tema, la decisión del presidente chileno Salvador Allende y del gobierno de la Unidad Popular (UP) de aplicar un impuesto al exceso de ganancias de las compañías mineras Annaconda y Kennecott y no pagar compensaciones por nacionalizar sus minas. Esta y otras conversaciones se han podido conocer gracias a la desclasificación de las cintas en torno al caso Watergate que provocaron la renuncia del presidente Richard Nixon el día 8 de agosto de 1974. El sistema de grabación de Nixon comenzó en la Oficina Oval el 16 de febrero de 1971 y terminó el 18 de julio de 1973 funcionando durante 883 días. Todo cuanto se decía en el Despacho Oval fue grabado secretamente y coincidió con el 85 por ciento del gobierno de Allende. Esas cintas hoy están disponibles en el sitio web nixontapes.org[1] que edita Luke A. Nichter, Ph.D., profesor asociado de historia en la Universidad A & M de Texas - Texas Central. El profesor Nichter es experto en las cintas de Nixon como resultado de sus esfuerzos para digitalizar cerca de 4 000 horas de aquellas grabaciones que ha puesto en el mencionado sitio a disposición de los cibernautas como un servicio público.

 

—He decidido remover a Allende —dice Nixon a Kissinger aquella mañana.

 

—El Presidente de Chile nos ha arrojado el guante. Ahora nos corresponde un movimiento a nosotros. Lo único que usted puede esperar es derrocarlo —agrega Connally—. Y así podrá probar que está cuidando los intereses de Estados Unidos.

 

—Allende es un tipo al que podemos golpear. Entréguenme un plan —urge Nixon a sus asesores—. Jugaremos muy duro con él.

 

—Todo vale en Chile. Patéenlos en el culo. ¿Ok? —ordena a Kissinger hacia el final de la reunión, dando por terminado el tema sobre Chile y Allende. En buen chileno, el sentido de la expre- sión gringa «Kick ‘em in the ass» equivale a proferir: «¡Sáquenles la cresta!», «¡Háganlos mierda!» o, más claro aún: «¡Vuélenles la raja!». En lenguaje de comic televisivo: «¡Acábenlos!».

 

—De acuerdo —responde Kissinger.

 

Revela Nichter que al momento en que Allende fue derrocado el 11 de septiembre de 1973, Nixon ya había apagado su grabadora del Salón Oval porque en julio de ese año, durante las dramáticas audiencias del caso Watergate en el Congreso, un asesor de la Casa Blanca había revelado la existencia de aquel sistema de grabación secreto y el Congreso inmediatamente exigió que la Casa Blanca entregara todas las cintas, lo que debió hacer tras un fallo de la Corte Suprema. Pero existía otro sistema de grabación secreto no detectado que se mantuvo operativo: el de Henry Kissinger. Y el 16 de septiembre de 1973, el sistema de grabación de Kissinger registró su primera conversación telefónica con Nixon después del golpe en Chile.

 

—La cosa en Chile se está consolidando y por supuesto los periódicos están balando por el derrocamiento de este gobierno pro comunista —dice Kissinger en alusión a la prensa liberal y democrática que en Estados Unidos y el mundo lamentaba y condenaba el golpe de Estado.

 

— Quiero decir que en el periodo de Eisenhower habríamos sido héroes —explica Kissinger a Nixon.

 

—Bueno, nosotros no —dice Nixon—. Como sabes nuestra mano no aparece en esta [operación] siquiera.

 

—Nosotros no lo hicimos —asiente Kissinger—. Pero quiero decir que los ayudamos. [La CIA; es un supuesto porque la referencia está borrada] creó las mejores condiciones posibles.

 

—Eso es correcto —responde Nixon—. Y esa es la forma en que se va a jugar. Pero escucha, déjame decirte que esta vez la gente no se va a comprar la basura de los liberales.

 

—Absolutamente no —asiente Kissinger.

 

—Ellos saben que era un gobierno procomunista y así son las cosas —justifica Nixon.

 

— Y pro Castro —completa Kissinger.

 

—Olvidémonos de lo procomunista —dice Nixon—. Fue un gobierno antiamericano durante toda su existencia.

 

Otras investigaciones ya clásicas dan cuenta de como el imperio contribuyó al «Kick ‘em in the ass» de Allende y la Unidad Popular, como por ejemplo el Informe Church del Senado de los Estados Unidos (1975),[2] los documentos desclasificados de la CIA, la doctrina del Shock (de Noemí Klein) y otros.[3]

 

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