Roque Dalton, autor del ensayo «Imperialismo y revolución en Centroamérica», publicado por Ocean Sur

Roque Dalton desde dentro

10 de Agosto de 2011 | 

Fragmento de un libro de próxima aparición de Pablo Benítez, coordinador de la Cátedra Libre “Roque Dalton”


por Pablo Benítez

Al celebrarse el centenario de la muerte de Johann Wolfgang von Goethe, José Ortega y Gasset escribió una carta para el editor de la revista Die neue Rundschau. En ese texto, Ortega pide al editor alemán “un Goethe para náufragos”.[1] Ortega presiente que Europa está sumergida en la marejada, que no queda más que “agitar los brazos para mantenerse a flote”. Exige un Goethe que mueva los brazos y marque una brecha en la tempestad. “De la estatua de Goethe estamos un poco fatigados”, sentencia Ortega.

En esa frase de hastío no dejo de evocar, como si existiera un lazo extraño e incongruente, el feroz llamado de Roque Dalton a “dinamitar el mausoleo de Lenin”.[2]

Un par de meses antes de que Ortega publicara aquel texto en Alemania, en la zona occidental de El Salvador la tempestad devoró millares de vidas. El general Maximiliano Hernández Martínez aplastó con pezuña de plomo una insurrección indígena-campesina, organizada en conjunto por comunidades indígenas de la zona y el Partido Comunista de El Salvador. El terror asoló durante semanas. El general Martínez se hizo del poder total. Roque Dalton nació tres años después de aquella matanza, el 14 de mayo de 1935.

El Goethe que pedía Ortega debía revelar el “dinamismo dramático” entre el yo y el mundo. La intención de Ortega no era ver la vida de Goethe como Goethe mismo la veía, con su visión subjetiva. Esa aspiración es banal, puesto que no es posible repetir el punto de vista de Goethe o de otra persona. El punto de vista es único, inimitable. La vida consiste en su ejecución ―diría Ortega―, en ser efectivamente vivida, y en hallarse sin término. No es posible observarla desde fuera, hay que incorporarse a ella y convertir la realidad misma en su punto de vista. Era deseable entonces para Ortega que la aproximación a Goethe se llevase a cabo desde dentro, desde el enfrentamiento de Goethe con el mundo.

En el caso de Roque Dalton esa exigencia cobra excepcional fuerza. Para aproximarse a Dalton es indispensable hacerlo desde dentro. Es necesario revelar el enfrentamiento de Dalton con el mundo para lograr una interpretación más profunda de su herencia intelectual. Si hay un autor salvadoreño que haga patentes las complejidades y las contradicciones que involucra la amalgama entre vida y labor intelectual, ese es Dalton.

A pesar de que se trata de uno de los autores centroamericanos más conocidos y más estudiados, aún existen tareas pendientes en cuanto al juicio crítico de su vida y su obra. Una de esas tareas es el estudio profundo de su producción intelectual y de sus avatares vitales en el periodo 1963 a 1973.

Durante ese trance, Dalton consolida sus múltiples perspectivas de trabajo y escribe sus libros más transgresores e irreverentes. En esos años, su ruta de acción política se entrecruza intermitentemente con su ruta estético-literaria. A medida que se acerca el año 1973, va dedicando cada vez más fuerzas vitales a la construcción de una propuesta revolucionaria excéntrica, nutrida de fuentes diversas: su militancia comunista de mediados de los años cincuenta y principios de los sesenta, su vivencia de los primeros años de la Revolución Cubana, la antesala de la Primavera de Praga, el estudio de las experiencias guerrilleras de los años sesenta en América Latina y del esquema de guerra popular del Vietnam.

Esta amplia gama de experiencias revolucionarias, aunada a su rodaje de mundo y a una cualidad de Dalton que bien podríamos llamar voracidad estética descartan fácilmente cualquier lectura reduccionista o simplificadora de su perfil y su producción intelectual.

No obstante, la mayoría de lecturas de la figura y la obra de Dalton han sido, precisamente, muy limitadas. Las herramientas de interpretación más frecuentes han sido las banderas y las etiquetas, los lugares comunes. Se trata de lecturas fragmentarias, tediosas y descontextualizadas, filones trillados que caricaturizan a Dalton, no por ser del todo falsos, sino por ser interpretaciones chatas y acartonadas.

Es imperativo llevar a cabo exploraciones críticas que contribuyan a completar el retrato de un personaje que amarra con su vida trepidante una propuesta estética original y un proyecto político-revolucionario de auténtica avanzada en Centroamérica.

Periodizaciones

El 10 de mayo de 1975, el día de su asesinato, Dalton se encontraba en el umbral de sus cuarenta años. Su trayecto vital abarcó cuatro décadas.

A principios de los cincuenta, probablemente entre 1950 y 1953, Dalton abrió su brecha como poeta. Su ejercicio literario cubrió unos veinticinco o veintitrés años. ¿Qué importancia posee esta precisión cronológica? Arthur Rimbaud torció la ruta de la poesía europea entre 1871 y 1875, en apenas cinco años. ¿Tiene sentido poner cotos temporales al devenir de un proyecto estético? Sí, en la medida en que tales cotos no se presenten como fronteras únicas e inamovibles, ni como fases de un desarrollo rectilíneo o como estancos inevitables.

Desde mi perspectiva, el inconveniente mayor de las periodizaciones es el de establecer lapsos que poseen referentes ciegos, como fechas de publicación de libros o tratamientos temáticos o acontecimientos biográficos. Son referentes ciegos porque marcan líneas de análisis viciadas, que comienzan en la obra y la biografía del autor y acaban en el mismo sitio; por otra parte, las fechas de publicación de los libros no marcan de ningún modo las rutas de trabajo artístico de un autor, máxime en escritores como Roque Dalton, que permanentemente modificaba y reorganizaba sus libros. Las rutas de trabajo estético de Dalton se analizan mejor si se lleva a cabo un rastreo del proceso de producción de sus obras, en el cual la fecha de publicación pasa a ser el momento de divulgación, pero de ningún modo fija o cierra el proceso de creación.[3]

Ahora es necesario volver sobre la exigencia de aproximarse a Dalton desde dentro. La periodización con referentes ciegos no logra situarse auténticamente en el plano del enfrentamiento autor-mundo. No pasa del plano del autor y su obra, por más que las menciones a ciertos acontecimientos no biográficos o los apéndices cronológicos se hallen presentes en el análisis. Además, esta modalidad de periodización favorece la repetición de juicios preestablecidos con respecto a la obra de los autores y rezaga la aparición de valoraciones heterogéneas.

Épocas

Las dos décadas que van desde 1955 a 1975 son cardinales para comprender el final de siglo XX al que se enfrentó Centroamérica.

Desde mediados de los años cincuenta en América Latina comenzaron a gestarse procesos revolucionarios audaces, que desbordaron a la izquierda tradicional, agrupada para esas fechas en los partidos comunistas de la región. Si bien el triunfo de la Revolución Cubana ocurre en el año 1959, para 1955 el Movimiento 26 de Julio se encontraba operando en la clandestinidad en la Sierra Maestra y en países como Uruguay[4] o El Salvador las condiciones políticas y sociales comenzaron a propiciar la organización de grupos guerrilleros.

En el caso salvadoreño, no es difícil constatar que a medida que avanzan los años cincuenta, tales condiciones van deteriorándose. La persecución política gubernamental desemboca en intolerancia y violencia hacia los grupos opositores. El secuestro y la tortura que sufre el dirigente comunista Salvador Cayetano Carpio en 1952 es un caso emblemático. En definitiva, con el triunfo de la Revolución Cubana, la mecha prende con mayor fuerza. Para principios de los años sesenta, una parte importante de la izquierda salvadoreña estaba ya encaminada hacia la lucha armada.

Roque Dalton presenciará este desplazamiento y se incorporará al movimiento de izquierda armada revolucionaria, la nueva izquierda, desde principios de los años sesenta, cuando el movimiento apenas comenzaba a gestarse en el continente. Hay que decir, sin embargo, que su entrada a filas guerrilleras totalmente organizadas y en activo se consumará hacia principios de la siguiente década.

La obra y la biografía de Dalton revelan además una particular conciencia de época. Tempranamente se encuentra con derroteros que le producen una claridad cada vez más plena del momento que le ha tocado vivir. Dalton se equivoca continuamente, se contradice, vuelve sobre ciertas preocupaciones, pero sabe que la época que le toca es de revoluciones, de cambios radicales para un mundo que apenas ha logrado recomponerse luego de las grandes guerras del siglo.

Entre 1953 y 1957, Dalton vivió dos experiencias iniciáticas: su viaje a Chile, donde radicó un año y comenzó sus estudios de derecho, y su viaje a la Unión Soviética, donde asistió al sexto Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes por la Paz y la Amistad.

El primero de los viajes le dará la posibilidad de conocer América del Sur, le enfrentará a corrientes políticas diversas y le permitirá comenzar a estudiar con fuentes de primera mano el marxismo. El segundo viaje le llevará por buena parte de Europa, le posibilitará su primer contacto con países socialistas y desarrollará por completo su identidad ideológica y política.

En el año 1958, Dalton escribe una crónica extensa, donde relata las¬ generales de ambos viajes. La crónica se publicó en 1959, en dos entregas, en la revista salvadoreña mensual Gallo Gris, fundada y dirigida por el poeta Oswaldo Escobar Velado.[5]

En la segunda entrega de la crónica, se lee una idea de Dalton que revela, por una parte, cierto conocimiento de teoría marxista, y, por otra parte, una visión quizá un tanto ingenua acerca del avance de construcción de la sociedad comunista en la Unión Soviética: “(…) guardamos silencio por ahora acerca de lo más grande que pudimos observar en la Unión Soviética: el hombre de nuevo tipo que ahí ha sido construido”.[6] Dalton anticipa en varios años el fuerte influjo que provocará el Che Guevara en torno al concepto de hombre nuevo en toda América Latina. Por supuesto que esta aseveración de Dalton no constituye en modo alguno una teorización completa, más bien parece una intuición afortunada, un rayo de lucidez que atravesó el papel.

En textos publicados un año antes, entre enero y abril de 1957, en Opinión Estudiantil y en El Independiente, también es visible el contacto directo de Dalton con teoría marxista, así como su cada vez más definido talante de poeta de izquierda revolucionaria. Es más, también es notoria desde esta fecha su filiación fuerte con el ya creciente proceso revolucionario cubano, del cual seguramente tiene amplia información, a juzgar por sus diatribas contra Fulgencio Batista y por su reivindicación entusiasta de la figura de José Martí y “su vigencia política en importantes cuestiones cubanas”.

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Notas

1. Ortega y Gasset, José. “Pidiendo un Goethe desde dentro. Carta a un alemán”, en Obras completas, tomo IV, 1929-1933, sexta edición. Madrid: Revista de Occidente, 1956, pp. 398-399.

2. Dalton, Roque. “En 1957 yo vi a Lenin en Moscú (II)”, en No pronuncies mi nombre. Poesía completa, tomo III. San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 2008, p. 495.

3. Esta noción es un valioso aporte de Rafael Lara-Martínez, quien ha indagado desde este enfoque la obra poética completa de Dalton y el libro Miguel Mármol. Los sucesos de 1932 en El Salvador.

4. De imprescindible consulta: Rey Tristán, Eduardo. A la vuelta de la esquina: la izquierda revolucionaria uruguaya, 1955-1973. Montevideo: Fin de Siglo, 2006, 463 pp.

5. Dalton, Roque. “Alrededor del mundo” [primera entrega], Gallo Gris. San Salvador, abril de 1959, año I, n.° 8, pp. 14-15, 19. Dalton, Roque. “Alrededor del mundo” [segunda entrega], Gallo Gris. San Salvador, noviembre de 1959, año I, n.° 13, pp. 24-30.

6. Op. cit., p. 28.



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