Salvador Sánchez Cerén, comandante Leonel

Presentado en Cuba libro de Salvador Sánchez Cerén

19 de Febrero de 2010 | 

A propósito de las presentaciones de la edición cubana de Con sueños se escribe la vida, de Salvador Sánchez Cerén, Ocean Sur reproduce los discursos de su autor, de Roberto Regalado y de José Antonio Baujín


Con sueños se escribe la vida es un elogio a la esperanza. Recoge la ejemplar trayectoria de Salvador Sánchez Cerén, comandante Leonel González, quien a través de la memoria describe sus pasos por las luchas sociales y la guerrilla salvadoreña, guiado por ideales humanistas y revolucionarios. Su vida es una gran fotografía llena de detalles que muestra a lectoras y lectores cómo la razón y la pasión, cuando caminan unidas, pueden hacer de las personas conductoras de pueblos, líderes para una mejor humanidad.

Salvadoreño hasta la médula y militante de izquierda, Leonel sigue soñando con un país libre, democrático y socialista.

Esta obra no es solo una autobiografía, sino también un recuento de los diferentes períodos de la lucha revolucionaria de El Salvador a lo largo del siglo XX y un análisis de los desafíos que enfrenta y enfrentará el FMLN en los próximos tiempos.

Salvador Sánchez Cerén es vicepresidente y ministro de Educación de El Salvador. Llegó a ser el máximo jefe de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL) y miembro de la Comandancia General del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Integró la Comisión Político Diplomática en las negociaciones de paz que concluyeron con la firma de los Acuerdos de Chapultepec. Desde la transformación del FMLN en partido político es miembro de su Comisión Política, fue coordinador general de esa organización, diputado y jefe de la bancada en la Asamblea Nacional Legislativa.

La edición presentada en la Sala Nicolás Guillén, de la Feria Internacional del Libro de La Habana y en el Aula Magna, estuvo a cargo de la editorial José Martí. Las ediciones anteriores (2008 y 2009) corresponden a Ocean Sur.

A continuación ofrecemos a nuestros lectores los discursos pronunciados por el autor y sus presentadores, el politólogo Roberto Regalado y el Dr. José Antonio Baujin, decano de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana.
 
 
NADIE PUEDE OLVIDAR

Palabras de Salvador Sánchez Cerén pronunciadas en la presentación del libro Con sueños se escribe la vida, el pasado 16 de febrero en la Feria Internacional Del Libro Cuba 2010

por Salvador Sánchez Cerén

Quiero iniciar la presentación del libro Con sueños se escribe la vida, agradeciendo a la Editorial José Martí por concederme el privilegio de dar a conocer esta autobiografía en Cuba, cuya literatura es una de las más relevantes e influyentes de toda la América Latina. Hacerlo, además, en este evento de trascendencia para la cultura mundial, como es la Feria Internacional del Libro Cuba 2010, desborda realmente mis aspiraciones como autor. Muchas gracias por consiguiente a la editorial, a los organizadores de este templo literario que es la Feria y a todos ustedes presentes en este acto.

Cuba —la revolución martiana— ha sido siempre para mí un referente moral y político que ha influido en mi visión del mundo y de América Latina en particular, así como también en mi formación humana y revolucionaria. Desde muy joven, allá por mediados de los años sesenta, cuando andaba de activista en el gremio del magisterio, yo, como muchos otros hombres y mujeres, miraba a Cuba para armarme de razones, de manera que puedo afirmar que el proceso revolucionario cubano influyó positivamente en la lucha de mi país. Si ser revolucionarios, revolucionarias, es ser apasionados, profundamente humanos, mucho de lo que somos se lo debemos al Che.

Con sueños se escribe la vida es un relato de diferentes etapas de mi vida. Pero estoy seguro que, al mismo tiempo, es también una narración de la épica colectiva de esa parte de nuestro pueblo que decidió rebelarse a la dictadura y conquistar la libertad, escribiendo así la historia de esos años difíciles.

En la historia de nuestro país, las gestas populares se han sucedido siempre, teniendo como banderas la tierra, la justicia, la democracia. Como bien señaló un poeta del pueblo, Roque Dalton, hombres y mujeres medio-muertos, medio-vivos, nunca se resignaron a vivir bajo las botas del poder y por los caminos del sacrificio, jugándose la vida, se aprestaron a tomar el cielo por asalto.

En esta épica histórica, mi vida es una más: yo era un joven de pueblo que fue descubriendo lo que sucedía en mi país, gobernado a sangre y fuego, para poco a poco, como maduran las cosas, ir comprometiéndome con la lucha, es decir con el destino de mi pueblo, de la gente pobre. Yo hice lo que hicieron muchos.

Mi relato, para que sea leído de una manera contextualizada, incorpora los acontecimientos de la lucha revolucionaria del pueblo salvadoreño desde la década de los años treinta del siglo pasado, y señala los hechos más importantes. A partir de los años setenta —momento en el cual me incorporé a la Asociación Nacional de Maestros, ANDES 21 de Junio, a las organizaciones populares y finalmente a la guerrilla—, profundizo más en los acontecimientos de un contexto sociopolítico que viví como protagonista.

Inicié los primeros esbozos del libro recién concluida la firma de los Acuerdos de Paz, el 16 de enero de 1992, junto al compañero Iosu Perales, integrante del movimiento de solidaridad español con la lucha del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional; y lo finalicé en el año 2007 con la colaboración de mi hija Claudia Lissette Sánchez Villalta. Por lo tanto, esta autobiografía es una obra colectiva de Claudia, Iosu y mi persona.

En 1992 —año de la firma de los Acuerdos de Paz— se abrió un amplio debate sobre el significado de la finalización del conflicto armado por la vía de la solución política negociada. La conversión del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en partido político planteó el reto de la continuidad de la lucha por la vía política electoral. Evidentemente se abrió un nuevo período de lucha que exigía debates al interior del partido. Entonces surgieron ideas claudicantes de la lucha revolucionaria, posiciones que consideraban que la revolución se había consumado y que había que abandonar la lucha por las transformaciones sociales revolucionarias y no quedaba otro camino que incorporarse al sistema y acompañar el proyecto neoliberal que la burguesía salvadoreña había puesto en marcha.

Las tareas presentadas al FMLN de reconvertir sus fuerzas guerrilleras a partido político y definir su estrategia de Revolución Democrática para enfrentar el nuevo período de lucha que se iniciaba, exigía una consecuente lucha de ideas. Ese era el propósito que nos trazamos con Iosu al iniciar el trabajo que no pudo ser concluido, ya que después de la firma de los acuerdos entramos a un nuevo proceso de enfrentamiento con las fuerzas de derecha salvadoreña, ya no por la vía militar pero sí en espacios políticos, en la lucha político electoral y social. La implementación de los Acuerdos de Paz exigió al FMLN poner en tensión todas sus fuerzas acumuladas a lo largo de doce años del conflicto armado, así como también aquellas otras que encontraron en los acuerdos razones para apoyar al FMLN.

Transcurrieron doce años para que llegáramos a la antesala de acceso a la Presidencia del país por las elecciones, después de un largo proceso de clarificación interna del partido. Se quedaron en el camino aquellos que perdieron el rumbo de nuestra lucha y fueron atraídos por el modelo de dominación. Han sido años de enfrentamiento contra el neoliberalismo imperante, pero también un proceso de acumulación de experiencia en el terreno electoral, en la cualificación y en la unificación del partido, todo lo cual redundó en una mayor acumulación política electoral, en su consolidación y cohesión interna.

El FMLN libró durante largos años una permanente lucha ideológica al interior del Partido y contra las fuerzas neoliberales se enfrentaron dos proyectos: el claudicante por un lado y el proyecto revolucionario por el otro. Esta lucha de ideas nos permitió darle mayor cohesión y fortaleza a la unidad del partido.

Quiero agradecer a la editorial Ocean Sur que presentó en El Salvador una primera edición de esta obra en enero del 2007, en los albores de la campaña electoral que finalizó en el 2009 con la victoria electoral del FMLN, cuando fuimos electos el periodista Mauricio Funes como presidente de la República y mi persona como vicepresidente.

Muchos me preguntaron por qué tomé la decisión de terminar mi libro, editarlo y darlo a conocer en pleno período de precampaña. Fue la tarde de un domingo de 2006 que el secretario general de nuestro partido, el compañero Medardo González, me invitó a tomar un café a su casa. Allí también encontré a David Deutschmann, presidente de la editorial Ocean Sur. Ambos me plantearon la necesidad de escribir un libro sobre mi vida. Conocíamos la experiencia de la campaña electoral del 2004, la campaña sucia, engañosa en contra de Schafik Hándal, candidato presidencial del FMLN. En esas elecciones, la maquinaria mediática del poder de la derecha promovió una imagen negativa y promovió además el miedo y el temor. Esa campaña sucia fue derrotada por el FMLN, ya que duplicó su votación, aunque no alcanzó los votos necesarios para ganar la Presidencia.

La derecha, usando el poder mediático, ha pretendido satanizar la guerra revolucionaria en El Salvador, al deformar las causas históricas que originaron el conflicto y ha manipulado los hechos históricos con la pretensión de restarle importancia a la noble causa de la lucha revolucionaria, heroica, del pueblo salvadoreño. Nuestra guerra revolucionaria concluyó con la derrota de la dictadura militar a través de un proceso de solución política negociada que tuvo como soporte principal la lucha armada emprendida por el FMLN, y que dio inicio a un nuevo período histórico para los salvadoreños: la construcción democrática hacia el socialismo.

Al tomar la decisión de publicar el libro en esa coyuntura, medimos las ventajas y desventajas y decidimos que era necesario dar nuestra versión de lo ocurrido en el país, en la segunda mitad del siglo pasado, a partir de mi experiencia vivida en esos años. Así comencé a trabajar esta autobiografía que de hecho, una vez publicada en su primera edición en 2008 y una segunda en 2009, se convirtió en el inicio de lanzamiento de mi candidatura como integrante de la fórmula presidencial hacia el 2009.

El libro, desde su inicio, presenta el perfil humanista de las y los revolucionarios salvadoreños, da a conocer las causas que originaron el conflicto, el papel de la oligarquía salvadoreña y su aparato militar, y la forma de dominación autoritaria, genocida y terrorista, que instauraron para perpetuar su poder en todos los ámbitos de la economía, de la cultura, de la sociedad y de la política para evitar la organización y lucha del pueblo.

Con sueños se escribe la vida también presenta cómo el pueblo hizo suya la causa libertaria y cómo construyó su partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) a partir de la unidad de las organizaciones político-militares surgidas en el año 1970. El FMLN es la unión de cinco organizaciones político militares: el Partido Comunista Salvadoreño (PCS), las Fuerzas Populares de Liberación “Farabundo Martí” (FPL), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), el Partido Revolucionario de los Trabajadores Salvadoreño (PRTC), y la Resistencia Nacional (RN).

En la actual etapa de Revolución Democrática que desarrolla el FMLN, la lucha electoral sigue siendo un escenario de enfrentamiento político. Son dieciocho años que han transcurrido desde que nos transformamos de fuerza guerrillera en partido político, hemos tenido que aprender y seguimos acumulando experiencia en el enfrentamiento con la oligarquía y sus aliados, para dominar el arte y la técnica de la política electoral y saber construir los instrumentos necesarios para avanzar en este nuevo escenario.

La historia de El Salvador como la de todos los pueblos es una lucha permanente y constante; de ella nutrimos nuestra ética e ideas. Farabundo Martí, fundador del Partido Comunista de El Salvador y líder de la primera insurrección de 1932, es fuente de nuestra inspiración, lo mismo que nuestros antepasados autóctonos que opusieron una férrea resistencia contra los invasores españoles; asimismo nos impulsan a seguir nuestros próceres —entre ellos José Matías Delgado—, quienes lucharon por independizar a nuestro pueblo del yugo español. Nos inspira, además, el unionista centroamericano Francisco Morazán y el pensamiento revolucionario de nuestro hermano y camarada líder Schafik Hándal.

A la generación de los años setenta, a la cual pertenezco, nos correspondió ser los hombres y mujeres revolucionarias que tomamos la decisión de ponernos al frente del pueblo para conducir junto a él la guerra revolucionaria contra la dictadura militar en El Salvador y abrir una nueva época que debe culminar la Revolución Democrática con rumbo socialista.

Este libro relata, a partir de mi vida, la etapa de los años setenta, ochenta y parte de los noventa. Hay situaciones y hechos históricos que no están abordados. Recuperarlos es nuestra tarea. La memoria es esencial para el fortalecimiento de la identidad de la izquierda en estos tiempos en los que el pensamiento único al servicio del mercado trata de invisibilizar toda experiencia libertaria, para demostrar que fuera del modelo actual de sociedad no existe alternativa. Pero, en realidad, el olvido es un gran simulacro: nadie sabe ni puede, aunque quiera, olvidar. La lucha por la memoria es muy importante, frente a esa red de intereses a la que le interesa el olvido. Sin memoria no se puede construir una moral cívica sólida. El poder pretende que la sociedad pierda el sustento de la memoria, de la memoria cívica. Y esto es muy dañino.

Y no puede faltar en un libro y especialmente en mi vida, mi familia, mi esposa y mis hijos, que me acompañaron y se incorporaron a la lucha de todo un pueblo. En el capítulo denominado “Margarita”, relato nuestro amor y el privilegio de seguir con vida, compartiendo y trabajando por nuestros ideales.

Hoy presento este libro en el marco de la Feria Internacional del Libro Cuba 2010, como dirigente de mi partido, el FMLN, como vicepresidente de la República de El Salvador y ministro de Educación Ad honorem. Quiero reiterar mi agradecimiento a la Editorial Martí, por la edición de mi libro en Cuba, patria y pueblo con la que me siento identificado. A nuestros pueblos nos unen historias y luchas comunes, nos une el espíritu latinoamericanista de José Martí, del comandante Ernesto Che Guevara, del comandante Manuel Piñeiro.

Quiero aprovechar este acto para enviar un fraternal saludo a nuestro querido comandante Fidel Castro Ruz. Las oportunidades que tuvimos para intercambiar con él fueron sabias enseñanzas para interpretar mejor nuestra realidad, evitar cometer errores y avanzar hacia nuestras metas y objetivos que nos trazamos en la lucha revolucionaria.

Nuestro partido, el FMLN, representante legítimo del pueblo salvadoreño agradece infinitamente al comandante Fidel Castro el reconocimiento a nuestra lucha y en especial el respeto que siempre ha mantenido a nuestro pueblo. Su ejemplo y la lucha ejemplar del pueblo cubano nos ayudaron a enfrentar con sabiduría y audacia los retos que se nos plantearon en años más difíciles y nos ayudaron a conducir la revolución.

Fue un factor clave de nuestro triunfo la unidad de las fuerzas revolucionarias de El Salvador; juntar las fuerzas políticas y militares fue siempre un sabio consejo que recibimos desde Cuba. Sobre bases de unidad, el surgimiento del FMLN fue la decisión clave en esa etapa y las etapas posteriores de nuestra historia.

Con sueños se escribe la vida es mi primer aporte público a la recuperación de la memoria de una gesta que tuvo una dimensión colectiva, de todo un pueblo. De manera especial, es mi deseo que las nuevas generaciones conozcan nuestro pasado reciente, doloroso, para que de este modo sepan que en nuestro país muchos hombres y mujeres se alzaron contra la dictadura para ser libres, y se sientan orgullosos de ser salvadoreños. La memoria es una poderosa vacuna contra la muerte de los ideales y alimento indispensable para la vida. Por eso, quien cuida y guarda la memoria, guarda y cuida la vida. Recuperando la memoria podemos emprender la hermosa tarea de construir el presente y el futuro.

Muchas gracias
 
 
UNA OBRA QUE RECUPERA LA MEMORIA HISTÓRICA DE TODA AMÉRICA LATINA

Palabras del politólogo cubano Roberto Regalado Álvarez pronunciadas en la presentación del libro Con sueños se escribe la vida, de Salvador Sánchez Cerén, el pasado 17 de febrero, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana

por Roberto Regalado Álvarez

Co. Salvador Sánchez Cerén, vicepresidente y ministro de Educación de la República de El Salvador, y miembro de la Comisión Política del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional.
Dr. Gustavo Cobreiro Suárez, rector de la Universidad de La Habana.
Dr. Jorge Rodríguez Menéndez, vicerrector de la Universidad de La Habana.
Dr. José Antonio Baujín Pérez, decano de la Facultad de Artes y Letras, de la Universidad de La Habana
Compañeras y compañeros:

Dos razones fundamentan esta presentación de Con sueños se escribe la vida en el Aula Magna de la Universidad de La Habana: los méritos personales del autor y los aportes de la obra al desarrollo de las Ciencias Sociales.

Salvador Sánchez Cerén es el vicepresidente y ministro de Educación de la República de El Salvador. Su alta investidura gubernamental salta a la vista, pero lo que quizás no se perciba, de golpe, es la significación de que la ostenta un hombre del pueblo, un humilde maestro normalista, devenido comandante guerrillero y hoy miembro de la Comisión Política del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Hasta hace relativamente poco tiempo esto hubiera sido excepcional en cualquier nación de América Latina, salvo en Cuba, y absolutamente impensable en El Salvador. De modo que su presencia aquí simboliza las transformaciones en curso la región, que son el resultado de más de un siglo de heroicas y costosas luchas populares.

Con sueños se escribe la vida es un libro autobiográfico y de memorias que realiza valiosos aportes a las Ciencias Sociales, entre ellas: a la Historia, porque constituye una fuente primaria y fidedigna de información y análisis sobre acontecimientos trascendentales; a la Ciencia Política porque aborda cómo se organiza y lucha un pueblo para alcanzar el gobierno y construir un nuevo poder, en medio de un cambiante sistema de relaciones internacionales; y a la Filosofía porque su objetivo cimero es el diseño y materialización de nuevos paradigmas emancipatorios. En esencia, se trata de una obra que recupera la memoria histórica de El Salvador y, al hacerlo, contribuye a la recuperación de la memoria histórica de Centroamérica y de toda América Latina.

La historia de América Latina hasta la octava década del siglo XX, es una historia de dictadura y autoritarismo, salvo excepciones que confirman la regla, como las de Chile y Uruguay antes de los años setenta. A partir del inicio de la guerra fría, cuando —en condiciones también excepcionales— fuerzas progresistas y de izquierda llegaron al gobierno por la vía electoral, fueron derrocadas mediante la desestabilización y la violencia por el imperialismo norteamericano y sus aliados en la región. Así ocurrió con el gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala, en 1954, y con el de Salvador Allende en Chile, en 1973, mientras que la Revolución Boliviana de 1952 perdió su propio rumbo.

Menos de cinco años después del derrocamiento de Arbenz, el triunfo de la Revolución cubana revela que, en aquellas condiciones, la lucha armada era la única que abría posibilidades de romper con el sistema de dominación imperante en América Latina, y que esa ruptura solo podía ser completa y efectiva si su definición era socialista. Poco más de catorce años después, el golpe de Estado contra Allende lo ratifica.

Los primeros brotes de lucha armada en El Salvador se producen entre 1968 y 1970, en medio de una avalancha de nuevos movimientos obreros, campesinos, femeninos, juveniles, estudiantiles y cristianos, que no solo son objeto de la represión oficial, sino también de la acción terrorista de grupos paramilitares de derecha. A esa represión se suman los fraudes que despojan del triunfo a los candidatos presidenciales de la Unión Nacional Opositora en las elecciones de 1972 y 1977, y en las legislativas de 1974 y 1976. En esta etapa, se producen las masacres del 28 de febrero y el 1ro. de marzo de 1977 contra las manifestaciones de protesta por la viciada elección presidencial del general Carlos Humberto Romero.

La guerra —explicaba uno de los más prestigioso líderes históricos del FMLN, Schafik Hándal— fue la consecuencia directa de la imposibilidad de hallarse una solución legal, democrática y pacífica al injusto, opresivo y represivo sistema económico-social y político imperante en El Salvador.

El autor del libro que la editorial José Martí presenta en esta Aula Magna se incorpora en una fecha muy temprana a las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí (FPL), la primera de las cinco organizaciones político militares que emprenden la combinación de formas de lucha, incluida la lucha armada, cuya unidad cristaliza el 10 de octubre de 1980 mediante la fundación del FMLN. Con honestidad y valentía, quien durante la mayor parte de la guerra insurgente fuera conocido mediante el seudónimo comandante Leonel González, relata en su obra las trágicas circunstancias en las cuales asumió los cargos de primer comandante de las FPL y miembro de la Comandancia General del FMLN.

Su trayectoria como sindicalista, dirigente de una organización político militar, comandante guerrillero, participante en la negociación de los acuerdos de paz, actor destacado de la metamorfosis del FMLN en partido político, coordinador nacional de ese partido, legislador y, en la actualidad, segundo funcionario gubernamental de mayor jerarquía en la República de El Salvador, lo avalan como protagonista principal y testigo excepcional de la historia de su país durante las últimas décadas del siglo XX y las primeras del siglo XXI.

Además de una conmovedora historia personal, que sin dudas lo es, Con sueños se escribe la vida es la historia de una de las organizaciones políticas de la izquierda latinoamericana que despierta más interés y recibe mayor apoyo y solidaridad continental e internacional. Ello obedece a que la transformación del FMLN de movimiento insurgente a partido político constituye una experiencia emblemática —por supuesto, no exenta de dificultades—, del cambio ocurrido en América Latina entre 1989 y 1992, momento en que se cierra la etapa histórica abierta en 1959 por el triunfo de la Revolución cubana —uno de cuyos rasgos esenciales es el flujo y reflujo de la lucha armada revolucionaria—, y empieza la actual —cuyos sellos distintivos son la lucha de los movimientos populares contra el neoliberalismo y los avances sin precedentes cosechados por la izquierda en el terreno político electoral.

El desplome de la configuración estratégica de posguerra —que había creado condiciones favorables para la descolonización del Medio Oriente, Asia y África, la batalla por un Nuevo Orden Económico Internacional, y la ola revolucionaria que estremeció a América Latina—, «sorprende» al FMLN en la cúspide de su desarrollo político militar.

En la década de 1980, el FMLN era la organización insurgente latinoamericana que con mayor efectividad libraba la lucha armada, en una pequeña nación sin grandes o apartadas regiones montañosas o boscosas en las cuales guarecerse, con una densidad poblacional que dificultaba el movimiento inadvertido de sus unidades guerrilleras y, por si todo ello fuera poco, ubicada en Centroamérica, zona que el imperialismo norteamericano considera su traspatio más inmediato, por lo que convirtió a El Salvador en un Estado contrainsurgente.

Tras doce años de funcionamiento como organización político militar unitaria, la firma de los Acuerdos de Chapultepec, que pusieron punto final al conflicto armado salvadoreño, se erige en símbolo de lo mejor, lo más positivo, del cambio de época ocurrido en América Latina, porque no significó el «abandono» de la lucha revolucionaria, sino la sustitución de una forma de lucha por otra. En la ceremonia de firma de esos acuerdos, el 16 de enero de 1992, vibró con firmeza la voz de Schafik cuando afirmó: «Nosotros no estamos llegando a este momento como ovejas descarriadas que vuelven al redil, sino como maduros y enérgicos impulsores de los cambios hace mucho tiempo anhelados por la inmensa mayoría de los salvadoreños».

El FMLN no fue el primer ni el único movimiento insurgente que recorrió el camino de la solución política negociada en los años noventa del siglo XX; tampoco es el único que mantiene sus convicciones y objetivos estratégicos tras haberlo hecho, pero sin duda alguna es el que con mayor efectividad logró convertir su acumulación político militar en acumulación político electoral.

La elección del primer gobierno de izquierda en la historia de El Salvador, el 15 de marzo de 2009, se produjo setenta y siete años después de la masacre con que la oligarquía y el ejército reprimieron la insurrección campesina de 1932; cuarenta años después de los primeros brotes de lucha armada iniciados por los grupos de jóvenes que, como Salvador Sánchez Cerén, se rebelaron por la falta de canales pacíficos de transformación o reforma social; veintinueve años después que cinco organizaciones político militares se unieran mediante la fundación del FMLN; y diecisiete años después de la firma de los Acuerdos de Chapultepec.

Cuando afirmamos que una de las razones por las cuales las fuerzas de la izquierda latinoamericana ocupan institucionales sin precedentes, es el acumulado de las luchas revolucionarias de etapas anteriores, el ejemplo del FMLN es el que con mayor espontaneidad nos viene a la mente. Si en América Latina no se hubiesen librado esas luchas, no habría hoy gobiernos de izquierda y progresistas. Si en El Salvador no hubiese habido un FMLN, combativo e invicto, no habría en la actualidad posibilidad alguna de canalizar las luchas populares por vías legales.

La transformación política que tiene lugar hoy en El Salvador demanda un mayor conocimiento de la historia de esa nación: un mayor conocimiento para comprender y para impulsar esa transformación. Este conocimiento lo necesitan, en primer lugar, los propios salvadoreños, en especial las nuevas generaciones que no conocieron la opresión y la explotación dictatorial que obligó a sus abuelos y padres a empuñar las armas; y también lo necesitan las fuerzas democráticas, progresistas y de izquierda de otros países, que aspiran a retroalimentarse con los aportes de la izquierda salvadoreña a la teoría y la práctica de la construcción de una nueva sociedad.

A ese conocimiento contribuirá, sin duda alguna, la lectura de este libro.

Muchas gracias
 
 
UNA ESTOCADA A LOS METARRELATOS IMPERIALES

Palabras de José Antonio Baujin, decano de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, pronunciadas en la presentación del libro Con sueños se escribe la vida, de Salvador Sánchez Cerén, el pasado 17 de febrero, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana
 
por José Antonio Baujin

Querido vicepresidente y ministro de Educación de la hermana República de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén; compañeros de la presidencia; compañeros del Consejo Universitario; profesores; estudiantes; invitados:

Con sueños se escribe la vida. Autobiografía de un revolucionario salvadoreño, es texto esencial dentro de la fiesta del pensamiento liberador que sitúa a La Habana, por estos días de su decimonovena Feria del Libro, como la capital internacional de las letras. La voluntad de su autor, Salvador Sánchez Cerén y de la Editorial José Martí del Instituto Cubano del Libro, hacen posible este regalo para el pueblo cubano.

Procedente del Pulgarcito gigante de las naciones latinoamericanas, como lo llamó Roque Dalton, con el espíritu del David vencedor frente a Goliat —alusión bíblica que nuestro José Martí convirtió en axioma-pórtico de todo programa del nuestroamericanismo—, Sánchez Cerén va, en medio de «la recta vía», haciendo el recuento de más de sesenta años de vida personal y del hermano pueblo de El Salvador.

Hombre nacido en el corazón humilde de su tierra, en Quezaltepeque, un pueblo cuyo nombre de ascendencia náhuatl («montaña o cerro de quetzales») lanza una llamada permanente de autoctonía americana, se hizo maestro, y con ello selló una vocación de servicio a sus hermanos salvadoreños, de la que da sobrada cuenta el relato que ahora nos entrega. Si su acción vital consolidó su empeño magisterial, la forma en que comunica su experiencia es expresión del maestro que informa y educa, del que con total claridad y, sin descuidos en el uso de la lengua —rica, elegante, metafórica a veces—, se enfrenta a los más complejos análisis.

De sindicalista a dirigente político, de miembro temprano de la fundacional organización político militar de la reciente historia revolucionaria de El Salvador, las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí (FPL), en las que llega a primer comandante, a su participación en la Comandancia General del FMLN; de comandante guerrillero a negociador de la paz; de luchador con las armas a político «peleón» por los derechos de su pueblo, Sánchez Cerén (o el legendario comandante Leonel González, nombre de guerra) ha tenido la rara virtud de los revolucionarios auténticos de aprender y aprehender que las formas de batalla por un mismo ideal pueden ser disímiles y han de estar acompañando coherentemente los tiempos.

Ello requiere tener cabal entendimiento de los sueños que movilizan las energías vitales, de la utopía a alcanzar (ese don de la grandeza humana del que Alejo Carpentier habló: la permanente transformación de la realidad, agobiados de penas y tareas, y conscientes de que inexorablemente el futuro de la utopía está más allá del espacio que nos es dado habitar a los mortales). En la base de todo, en palabras suyas: «Un cristianismo comprometido con el cambio social, con la lucha contra la pobreza, está en la base de muchas biografías personales y colectivas en El Salvador. Con el tiempo me hice marxista pero nunca he olvidado lo que me legó el cristianismo liberador que pone en el centro los derechos de las personas, sus anhelos de una vida mejor, la libertad».

Con sueños se escribe la vida es un importante documento para la construcción de la Historia. Nuestras naciones emergieron culturalmente con la memoria oficial dibujada por las metrópolis coloniales, imperiales, y por los grupos de poder internos, más preocupados por mantener sus arcas llenas de metal amarillo, que por el acontecer diario y los destinos del pueblo. La voz de los humildes está llena de silencios en los libros que documentan la Historia tradicional. Sánchez Cerén es consciente, sabe que la construcción de la memoria de «los de abajo» es determinante para la dignidad popular plena. La emancipación —bien lo sabe Cuba— transita necesariamente por los caminos de la liberación del pensamiento... y las mentalidades, lamentablemente, son cárceles de larga duración. La palabra martiana, ilumina como siempre, la idea expresada:

«[...] cuánto trabajo cuesta hallarse a sí mismo! [...] No hay más difícil faena que esta de distinguir [...] lo que viene con el hombre, de lo que le añaden con sus lecciones, legados y ordenanzas, los que antes de él han venido. [...] No bien nace, ya están en pie, junto a su cuna con grandes y fuertes vendas preparadas en las manos, [...] las pasiones de los padres [...]. Y lo atan; y lo enfajan; y el hombre es ya, por toda su vida en la tierra, un caballo embridado. Así es la tierra ahora, una vasta morada de enmascarados. Se viene a la vida como cera, y el azar nos vacía en moldes prehechos. [...] El primer trabajo del hombre es reconquistarse».

Sánchez Cerén emprendió ese camino de búsquedas para desatarse de moldes prehechos, para hallarse a sí mismo en un contexto minado por demasiadas mezquindades, confusiones y enmascaramientos nocivos; un camino que sigue recorriendo, cuya andadura comparte en su libro para convidar la compañía en pos de la reconquista propia. A las puertas de un programa conmemorativo por el bicentenario de las independencias latinoamericanas, los «gigantes que tienen zapatos de siete leguas» se aprestan a fortalecer los discursos potenciadores del statu quo tradicional.

Con sueños se escribe la vida es una estocada a fondo, desestabilizadora de los metarrelatos imperiales. Salvador, Chambita, Luis, Carlos, Antonio, Leonel, nombres y sobrenombres, frutos de una vida accidentada y del travestismo a que obliga la obra de un revolucionario, son a la vez, nombres eminentemente populares, son todos, voces desde las que la identidad autoral se multiplica en este texto y potencia la voz de la intrahistoria, el metarrelato legítimo de los desposeídos de siempre.

Querido vicepresidente, ministro de Educación, comandante salvadoreño, ha llegado a buen puerto. Esta Casa de Altos Estudios, cuya misión sigue los derroteros del pensamiento de los hombres enaltecedores de la independencia cubana del siglo XIX al XXI, empeñada en la descolonización mental, le da la bienvenida y celebra este libro, desde ya, objeto de lectura y estudio.

Pensé terminar agradeciéndole su cariño generoso y la solidaridad que profesa por nuestro pueblo y su Revolución, pero ello sería dejarle el espacio del otro, del extranjero amigo. Opto, entonces, por decirle: «Chamba, hermano, la América de hoy nos revela que estamos ganando. Sigamos adelante».

Muchas gracias.


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