Prefacio al libro «Cuba-USA. Diez tiempos de una relación»

17 de Septiembre de 2013 | 

A propósito de la noticia sobre la prórroga, por otro año más, de las sanciones comerciales contra Cuba, autorizada por el presidente estadounidense Barack Obama


El presidente estadounidense, Barack Obama, prorrogó por otro año las sanciones comerciales impuestas contra Cuba.

 

El memorando dirigido al Secretario de Estado y al Secretario del Tesoro de Estados Unidos fue difundido por la Casa Blanca, ordenando mantener el bloqueo contra la mayor de las Antillas.

 

Conforme a la legislación norteamericana vigente, el Presidente norteamericano decidió prorrogar las sanciones contra Cuba, bajo la Ley de Comercio con el Enemigo, alegando que responde a los intereses nacionales de Washington.

 

Estados Unidos mantiene el criminal bloqueo unilateral contra Cuba desde el año 1961, endurecido posteriormente en los años 1992 y 1996, tras la aprobación de las leyes Torricelli y Helms Burton.

 

Con información de Granma

 

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Prefacio de Cuba-USA, diez tiempos de una relación, de Ramón Sánchez Parodi

 

Desde el 1ro. de enero de 1959, la política exterior de la República de Cuba ha tenido una connotación mundial desproporcionada en comparación con la corta extensión territorial del archipiélago cubano, el pequeño número de su población, la escasez de recursos minerales en sus tierras y la reducida escala de su economía. La presencia de Cuba se ha hecho sentir en todos los  rincones del planeta y miles de millones de personas conocen de hechos relacionados con la actividad cubana.

 

Esta extraordinaria circunstancia es resultado de la determinación de la Revolución Cubana por alcanzar y defender la plena soberanía, la independencia y la integridad territorial de la nación cubana. Sus implicaciones se perciben en las transformaciones que se han ido produciendo en la arena internacional durante los últimos cincuenta años.

 

Particular atención ha debido prestar la comunidad internacional al enfrentamiento que durante cinco décadas mantiene el gobierno de los Estados Unidos contra la Revolución Cubana. Bien sabido es que diez  presidentes norteamericanos han padecido la frustración de no poder detener, destruir y revertir el proceso revolucionario cubano. Ahora ponen sus esperanzas en que el paso y el peso de los años se lleven a los originarios impulsores de la Revolución y las nuevas generaciones desvirtúen el camino revolucionario; llaman «transición» a esa ilusión.

 

Sin embargo, la vocación antiimperialista de la Revolución Cubana no nació el 1ro. de enero de 1959. No es a partir de esa fecha que se deterioran las relaciones entre los dos países. La confrontación se fue gestando a lo largo de decenas de años, desde el surgimiento de los  Estados Unidos como nación independiente y cuando comenzaba a prender entre los «criollos» de la Isla el sentimiento de cubanía que perdura en el presente.

 

La solución de ese diferendo histórico sitúa a Cuba ante una alternativa: o se consolida como nación soberana e independiente y el pueblo cubano se ve libre de la injerencia y la dominación extranjera, o se convierte en un apéndice de los Estados Unidos. La opción es obvia. No en balde la consigna que se hizo carne en los cubanos desde los primeros años posteriores al triunfo de la Revolución Cubana, rememorando la de «Libertad o Muerte» de los luchadores anticolonialistas del siglo xix, fue «Patria o Muerte», convencidos de que «Venceremos».

 

Para que se establezcan por primera vez en la historia contemporánea vínculos armoniosos entre ambos lados del estrecho de la Florida, es necesario fundarlos sobre bases de colaboración recíproca y con un espíritu de respeto mutuo. Esta visión se puede facilitar por la cercanía geográfica entre ambos países, por los vínculos históricos que han unido a ambos pueblos en la lucha por la independencia y el progreso social, por los nexos culturales que se han formado a lo largo del desarrollo de las respectivas sociedades, por las ventajas competitivas que se presentan en el terreno económico y comercial, por los intereses comunes en la protección del medio ambiente de la región que cohabitamos y, sobre todo, por la obligación común que tienen ambos gobiernos de actuar en el concierto universal para promover la colaboración y preservar la paz en el precario mundo que constituye nuestra casa común.

 

En ocasión del cincuentenario del triunfo de la Revolución Cubana, dedicamos estas páginas a examinar sobre la base de los documentos históricos y de las vivencias personales del autor y de otros participantes en los hechos más  recientes, los aspectos que caracterizan la política de los Estados Unidos hacia Cuba y la actuación de la Revolución ante la persistente hostilidad imperialista de Washington.



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