Arleen Rodríguez presenta el libro «América Latina hoy...» en la sede de la OSPAAAL, La Habana, octubre de 2009

Nuestras revoluciones sí tienen quiénes les escriban

4 de Octubre de 2009 | 

Palabras de la periodista cubana Arleen Rodríguez Derivet en la presentación del libro América Latina hoy, ¿reforma o revolución?, de la colección Contexto Latinoamericano, Ocean Sur 2009


por Arleen Rodríguez Derivet

Agradezco profundamente la invitación, porque este es de los libros que sabemos que necesitamos, pero no siempre sacamos el tiempo para leer.

Una invitación como esta se agradece por muchos motivos: porque en América Latina y en nuestra época, no hay seguramente una interrogante tan crucial como la que propone el libro —una interrogante de esta época, pero también de casi todas las épocas, desde que los hombres y las mujeres luchan por la justicia social en el mundo—; porque conocemos, respetamos y admiramos a los autores; porque ellos son fuente de nuestro trabajo de forma continuada; porque es un honor que personas así nos pidan presentar su obra, y porque es un placer hacerlo en la OSPAAAL, que sigue siendo la casa de todos nosotros.

A los periodistas que vivimos manejados por la urgencia, casi nunca lo urgente nos deja ocuparnos de lo importante, de manera que cuando aparece una invitación como esta, que convierte en urgente lo importante, agradecemos que el compromiso nos lleve a leer, de punta a rabo, lo que en otras circunstancias habríamos reservado como texto de consulta (esos indispensables, sí, pero que solemos leer solo de manera fragmentada, selectivamente, sin llegar a tener jamás idea del conjunto).

Y ahí es donde descubres —estoy hablando conmigo misma— que no es verdad lo que has afirmado o dejado que otros afirmen ante ti: que no hay análisis del ahora mismo latinoamericano y sus derroteros: ese análisis existe y no es excepcional como creía; descubres que nuestras revoluciones sí tienen hoy quiénes las describan y les escriban, y que un libro de ensayos puede provocar tantos gozos y deslumbramientos como una buena novela.

Por supuesto, que entre el lunes que me llegó el libro y esta tarde de viernes en que lo presentamos, no he podido leerlo absolutamente todo, porque este libro, entre otras cosas, no admite una lectura apresurada o superficial. La seriedad y profundidad de los temas y las tesis que sostienen los autores obligan a la relectura en la misma medida en que se lee.

Pero de lo leído, que es mucho más de tres cuartas partes del libro, resalto por lo que me han impresionado:

En primer lugar el prólogo y el ensayo de Roberto Regalado. Como editora, adoraría tener autores de su talla, y admiro su especial talento para editar a otros y editarse a sí mismo, la más ardua de todas las ediciones. En su texto ha exprimido sus conceptos, que debe haber elaborado durante largos años de estudio. Regalado se muestra capaz de meter en cintura una historia de siglos, con una exactitud de orfebre, cuidando que no sobre pero que tampoco falte palabra o juicio indispensable para llevarnos de la Revolución francesa a los actuales procesos de cambio en América Latina con puntadas muy precisas sobre los que realmente trascienden el episodio, para insertarse en la Historia.

Si su texto inicial confirma que los prólogos —cuando hacen falta—, solo deben ser escritos por aquellos que sepan de punta a cabo qué pretende y qué contiene en su totalidad el libro al que están invitando, para que sean efectivos, como es el caso; su ensayo deslumbra por la capacidad de síntesis, pero también y especialmente por la honestidad y la integridad de sus análisis, pertinentemente librado del encasillamiento o la exclusión a que son tan dados los analistas políticos de cualquier signo.

Me pregunto —no tuve el tiempo de revisar las citas en el interés por seguir una lectura que obliga a no saltarse nada— si la periodización histórica que propone es la misma que consideran hoy los académicos en nuestras universidades. Si no fuera así, valdría la pena recomendarlo.

No hay modo de discrepar con esa periodización. Hay en todo caso que agradecer, otra vez, que nos devuelva desde el análisis las consecuencias de la bifurcación, del parteaguas de los 90, ese momento crucial en que comenzaron a vendernos de este lado del mundo, reforma por revolución, lo cual no ha cesado como se verá en otros ensayos de este libro.

Quiero resaltar el igualmente magnífico y contundente análisis que nos propone Beatriz Stolowicz en su “Debate actual: posliberalismo o anticapitalismo”, porque que nos esclarece muchísimo el momento en que la socialdemocracia se convirtió en ese canto de sirenas, que nos invita casi siempre a las reformas para huir de las revoluciones. Este texto es una suerte de continuidad a la vez que medio paralelo con el de Regalado, aunque un poco más pegado a las teorías económicas y echando luz y pelea contra la engañifa de que casi todos —los desconocedores repito— hemos sido objeto, cuando desde la élite del poder económico o la academia capitalista critican ferozmente el modelo con la única pretensión, no siempre visible, de salvar el sistema.

Resalto la contextualización imprescindible, a través de prestigiosos autores directamente relacionados con la práctica, de los procesos que viven hoy una decena de naciones latinoamericanas, cuyas experiencias se distinguen unas de otras en los medios, que no en los fines, hasta el punto de convertir en formulación universalizar la idea de los socialismos, en plural, del siglo XXI.

Destacaría especialmente, por las precisiones que les permiten aportar sus altas responsabilidades en las respectivas revoluciones, los trabajos de Carlos Fonseca, de Nicaragua y Amílcar Figueroa, de Venezuela —personas que están imbricadas en los procesos que tiene lugar en sus países y por tanto, tienen toda la autoridad para hablarnos desde la experiencia y desde el desafío de enjuiciar aquello de lo que son parte—, que nos acercan a ese espacio desconocido o escondido por los grandes medios de sus países, donde va naciendo una nueva forma de poder ciudadano o popular, como se llame, para hacer irreversible lo esencial de las conquistas que, en las reglas del juego de la democracia representativa, logran alcanzar las izquierdas que han llegado al poder.

Es un libro no solo bueno, sino hermoso.

Si hay algo a lo que uno corre en este libro es a lo que dice Amílcar Figueroa; si hay un lugar donde la pregunta se plantea más seria y preocupante es Venezuela, porque viene siendo la locomotora que hala el carro de la revolución latinoamericana, y podría decirse lo mismo que dijo Martí de Cuba: un error hoy en Venezuela es un error en América Latina. Pero Amílcar tiene capacidad suficiente para sortear todos esos desafíos y el final no se los digo, pero es casi de suspenso.

No puedo dejar de apuntar la hermosa edición gráfica del libro. Y cuando digo hermosa, no pienso solo en la belleza de la imagen y los colores: es que, evidentemente, no se trata de manida obviedad de las soluciones gráficas que buscan reiterar lo que el título anuncia. Hay un aporte adicional en la fresca imagen de la joven indígena que mira a través de una estrella hacia el futuro (¿presente?) y una sugerente gradación del color, en un conjunto que, más que afirmar, parece sumarse a la pregunta: ¿reforma o revolución?

No puedo ser más larga que el libro. Yo solo vine a agradecerles que me invitaran a presentarlo, porque así hicieron urgente lo importante. Todavía no sé cómo me había atrevido a hablar de los procesos en América Latina sin haberme leído estos textos. Gracias por el fuego, como diría Benedetti.


2 de octubre de 2009



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