Néstor Kirchner contribuyó a la unidad e integración latinoamericana

Néstor Kirchner contribuyó a la unidad e integración latinoamericana

3 de Noviembre de 2010 | 

Profundizando el camino de integración regional que defendió Néstor Kirchner, podremos acercar a la Argentina a la unidad antiimperialista de los pueblos de América Latina y del mundo entero


por Jorge Alberto Kreyness


“…si bien la integración es, para los países de la América Latina y el Caribe, una condición imprescindible para aspirar al desarrollo en medio de la creciente formación de grandes bloques regionales que ocupan posiciones predominantes en la economía mundial, solo una integración basada en la cooperación, la solidaridad y la voluntad común de avanzar todos de consuno hacia niveles más altos de desarrollo, puede satisfacer las necesidades y anhelos de los países latinoamericanos y caribeños y, a la par, preservar su independencia, soberanía e identidad”.
Declaración conjunta de Fidel Castro y Hugo Chávez, 2004.

 

La política exterior llevada a cabo durante el ciclo político que atravesamos desde la asunción de Néstor Kirchner en mayo de 2003 es uno de los componentes más significativos de este proceso.

Un momento decisivo es el del relevo de Roberto Lavagna del Ministerio de Economía el 28 de noviembre de 2005. Los resultados electorales de las parlamentarias realizadas exactamente un mes antes dieron un fuerte respaldo al gobierno que pasaba a asegurarse la mayoría simple en el Congreso.

Si tenemos en cuenta el escaso margen con que Kirchner había llegado a la Casa Rosada (22% de los votos) y que la crisis orgánica que había estallado en 2001 y forzado el final del gobierno de Fernando de la Rúa no estaba aun del todo cerrada, los comicios de octubre de aquel año tuvieron un doble significado: cerraron la crisis orgánica (crisis de gobernabilidad) y fortalecieron al gobierno. Si esa fuerza hubiera sido usada para reconfirmar a Lavagna o colocar a otro hombre de “buenas relaciones” con el FMI, el Banco Mundial o la banca monopólica internacional, con Washington y la Unión Europea, como era la tradición, otro hubiera sido el cantar. Pero no fue así.

Todo indica que a partir de verse políticamente reforzado, Kirchner asume personalmente la conducción de la política económica y con ello se inicia un proceso, aun no concluido, de alejamiento de las determinaciones del Consenso de Washington y del recetario neoliberal del Fondo Monetario, que influiría decisivamente en el curso ulterior de la política exterior.

El final del ALCA

El 4 de noviembre de 2005 se reunía en Mar del Plata la IVª Cumbre de las Américas y el periodista mexicano de derecha José Carreño escribía: “Los presidentes Bush y Kirchner sostienen un encuentro ríspido”. La mayoría de los países apoya la iniciativa; el Mercosur se opone. El mandatario argentino dice que las políticas de EE.UU. crean miseria. La pobreza y el desempleo son los temas del encuentro, insiste la OEA.

La profunda división entre los participantes de la cuarta Cumbre de las Américas quedó de manifiesto tras una ríspida reunión entre los presidentes George W. Bush y Néstor Kirchner y las posiciones encontradas en torno del Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA) expuestas por los presidentes Vicente Fox, Hugo Chávez y el propio Kirchner. El argentino Kirchner y el estadounidense Bush intercambiaron diplomáticos dardos en una aparición pública conjunta en la que se entrevió que ni uno ni otro habían obtenido lo que querían y no lo habían negociado. Kirchner quería el respaldo estadounidense para reprogramar pagos al Fondo Monetario Internacional (FMI); Bush hubiera deseado que Argentina abandonara su rechazo al ALCA.

El desacuerdo no evitó que Kirchner dedicara su discurso inaugural, una pieza de cincuenta minutos, a denunciar al FMI y las consecuencias “nefastas” de las políticas de ajuste estructural de la década pasada.

En el discurso, más dirigido a sus seguidores fuera de la “cumbre” que a sus contrapartes en el recinto, Kirchner subrayó que el libre comercio no puede ser “prosperidad en una sola dirección” ni servir a cualquier fórmula de integración.

Kirchner afirmó que Estados Unidos tiene una responsabilidad ineludible en Latinoamérica.[1]

Era evidente que sin contar con el Mercosur, con eje en el acuerdo Brasil-Argentina, más Venezuela, el ALCA se desmoronaba. Un gigantesco acto popular en el Estadio Mundialista, a pocas cuadras del local donde se realizaba la Cumbre, daba contenido antiimperialista al trascendental momento. Allí el orador principal había sido Hugo Chávez.

El Partido Comunista de la Argentina, que desde 2003 estaba preocupado por un cierre de la crisis orgánica que consolidara el statu quo, decidió participar con armas y bagajes en ese acto, en alianza con las izquierdas del kirchnerismo, a pesar de no compartir la política oficial sobre la deuda externa. Impedir el ALCA era lo principal y ello podría desencadenar otros procesos.

La derrota del ALCA marca un giro que se continuará en adelante con una creciente asociación de Argentina con la República Bolivariana de Venezuela, en base a un nuevo modelo de integración regional. La alianza Buenos Aires-Caracas, en la que Néstor Kirchner jugara un rol relevante, responde profundamente al interés nacional de ambos países: cierra la ecuación energético-alimentaria en base a la complementariedad de ambas economías y reactúa favorablemente al interior de nuestro país.

Brasil y Venezuela pues, pasaban a ser los ejes centrales de una política exterior más autónoma y ya no los EE.UU. ni la Unión Europea.

La deuda y el Fondo

El pago total de la deuda con el FMI en diciembre de 2005, en coordinación con Brasil que lo había hecho un tiempo antes, y con la ayuda financiera de Venezuela, puso fin a la dependencia de ese organismo para la determinación de las políticas nacionales, pero se hizo a costa de pagar una deuda ilegítima gestada fraudulentamente por una dictadura genocida y por gobiernos que siguieron al respecto la huella de José Alfredo Martínez de Hoz con hombres como Alvaro Alsogaray y Domingo Cavallo, entre otros.

Esos 9.810 millones de dólares que se cancelaron al FMI pudieron utilizarse para achicar la deuda interna con los pobres e indigentes y con el conjunto de los trabajadores. El gobierno adujo que se trataba solo del 36% de las reservas y es verdad que posteriores medidas de uso de esos acumulados, del superávit fiscal y de los recuperados fondos de jubilaciones y pensiones, que estaban en manos de los bancos, de algún modo se dispusieron para paliativos del desastre social con un sentido mercado-internista —cuya enumeración no es el objeto de este artículo— contrarias a los criterios sostenidos por el neoliberalismo.

La crisis en los centros capitalistas

En ese proceso, comienza a visualizarse con mayor claridad la crisis capitalista en los grandes centros, como los EE.UU. y la UE. Cobran fuerza actores de la política exterior que emergen como potencias mundiales, como China, segunda potencia en PBI y primera exportadora; Rusia, que conserva poder nuclear y amplía su política exterior (Irán, Venezuela, por ejemplo), India y Brasil. En menor medida Sudáfrica. Todos países de mercados internos gigantescos que pasan a utilizarlos como parte de su proyección exterior.

La crisis en los grandes centros capitalistas provoca otra crisis accesoria: la del G7 o la del G7 más Rusia a los efectos de la “gobernanza mundial”. Surge entonces el G20 como un modo de ejercerla, pero esto tiene sus contradicciones: el ingreso de unos pocos países intermedios —como China, Brasil, India e incluso Argentina— por un lado no es bien visto por aquellos que no forman parte y reclaman mayor democratización, pero por otro genera conflictos en el nuevo centro de gobernanza cuyo desenlace aun está por verse, como la actual mal llamada “guerra de divisas”, que pretende limitar el papel descollante de China en el comercio mundial.

La integración del G20 fue oportunamente respondida en la ONU por la convocatoria al G129 en el marco de la Asamblea General, por iniciativa de su entonces presidente, el nicaragüense Miguel D´Escoto. Se trata de un valioso antecedente de democratización de las relaciones internacionales, que aun no logra la correlación de fuerzas suficiente.

En este contexto la política exterior argentina se ha diversificado y los viajes presidenciales a China y Cuba, la visita del presidente de Rusia, entre otras, y otras más que están en la agenda, son un camino adecuado que debe sostenerse.

Nuevos fenómenos de integración

Lamentablemente Argentina no forma parte del ALBA-TCP, espacio de cooperación latinoamericano que integran Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otros países. Es necesario intentar que el eje Buenos Aires-Caracas-Brasilia actúe como nexo entre el Mercosur y el ALBA, y de ese modo impulsar una mayor integración regional económica, comercial, productiva y por sobre todo política, a fin de avanzar hacia la patria grande que quisieron los hombres y mujeres de nuestra primera independencia.

La importancia estratégica de nuestro país, su condición política actual y el peso de la figura de Néstor Kirchner, permitieron que éste fuera designado secretario general de UNASUR, la creación integradora sudamericana producto de la nueva correlación de fuerzas en la región. UNASUR es un gran paso hacia el proyectado a corto plazo Consejo de Estados de América Latina y el Caribe, sin la participación de los EE.UU., gran posibilidad que se abre desde la crisis basal de la OEA y la incorporación de Cuba al Grupo de Río, otro dato fuerte a considerar hacia el cual jugaron fuerte Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

La actuación de NK en UNASUR, en el poco tiempo en que pudo actuar, tuvo que ver con la contribución a impedir el golpe de la medialuna contra Evo Morales, a marcar el aislamiento de Colombia en la región ante la instalación de siete bases militares de los EE.UU., a repudiar el ataque colombiano a territorio del Ecuador cuando fue asesinado Raúl Reyes, a normalizar sobre bases justas la relación entre Colombia y Venezuela ante las provocaciones de Uribe antes de dejar el gobierno.

Todas esas gestiones tuvieron el antecedente del viaje de Kirchner a Villavicencio, Colombia, para colaborar en el canje humanitario de prisioneros que proponía la senadora Piedad Córdoba, a quien Néstor y Cristina siempre tuvieron en cuenta en su lucha por una paz negociada y duradera como solución al conflicto social y armado en ese país. La última convocatoria a Buenos Aires para una reunión del Consejo de Jefas y Jefes de Estado de UNASUR en solidaridad con Rafael Correa ante el golpe iniciado con la rebelión policial, es uno de los fuertes legados que el ex presidente nos deja.

Irán

Un escollo grave para la profundización de la actual política, que no se llegó a resolver aún, es lo que podríamos llamar la “judicialización” de la relación con Irán. Ese punto es el que azuzan los partidarios de las “relaciones carnales” con EE.UU. y el propio Washington para meter una cuña en las relaciones argentinas con Venezuela y Brasil, dadas las alianzas estratégicas de ambos países hermanos con Teherán y el conflicto que se suscita con la República Islámica a partir de su supuesta relación con los atentados de la Embajada de Israel y la AMIA, espoleada con informes de la CIA y el Mossad en un expediente de dudosa seriedad en nuestros tribunales.

En función de ese expediente, los EE.UU. consiguen que Argentina actúe en consonancia con las líneas “antiterroristas” que presidieron la gestión de George W. Bush y ahora de Barack Obama, en el marco de la “guerra infinita y preventiva”.

La relación con Irán debe ser garantizada abriendo una negociación política directa sin condicionamientos previos que puede ser ayudada por algunos países latinoamericanos y otros del mundo árabe o musulmán, amigos de ambos. El asunto es que los EE.UU., Israel y sus aliados no saquen partido de esta situación. Con todos los elementos sobre la mesa, el legado de Néstor Kirchner en relación al conjunto de la política exterior puede considerarse valioso en el marco de la actual correlación de fuerzas, de los niveles de conciencia de nuestro pueblo y del contexto internacional.

Objetivamente se impidió el ALCA, no tenemos tutela del FMI, no nos regimos por el neoliberal Consenso de Washington y se avanza en la integración regional y con otros países en vías de desarrollo.

Malvinas

Días antes de la desaparición física de Néstor Kirchner se profundizó una posición firme del país ante las medidas unilaterales del Reino Unido en la zona de Malvinas: la instalación de plataformas para la explotación petrolera y la realización de maniobras misilísticas fueron denunciadas como actos violatorios de las resoluciones de las Naciones Unidas que exigen un diálogo, al que los ingleses se niegan, así como prescindir de nuevas medidas unilaterales que agraven la situación. Tal política tuvo el respaldo de UNASUR y de todos los países de la región y fortalecen la posibilidad de hacer de Malvinas una causa latinoamericana.

Profundizando y radicalizando el camino de integración regional, llevado adelante por Néstor Kirchner, podremos acercar a la Argentina a la unidad antiimperialista de los pueblos de América Latina y del mundo entero, única vía posible para la liberación nacional, la justicia social y la democracia plena.

 

“La integración es nuestra bandera antiimperialista”.
Hugo Chávez en el acto en el campo de rugby de la Universidad Nacional de Córdoba. 21 de julio de 2006.

 

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Nota

1. http://www.offnews.info (4.11.2005)

 

Jorge A. Kreynes es colaborador de la revista Contexto Latinoamericano. Es periodista, analista internacional y secretario de Relaciones Internacionales del Partido Comunista de la Argentina.



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