«Margarita es de las mujeres que se sobrepuso a sus propios miedos para soñar otro país posible»

2 de Diciembre de 2013 | 

Palabras pronunciadas por el escritor y editor Iosu Perales durante la presentación en El Salvador del libro «Corazón de pueblo»

Por Iosu Perales


Amigas y amigos,


Es para mí motivo de alegría participar en la presentación del libro autobiográfico de una amiga, de Margarita Villalta de Sánchez, en cuyas páginas nos cuenta su historia de vida. Detrás de todas sus palabras se advierte un gran compromiso social con el país y una ética que desvela la importancia de vivir para seguir tú conciencia.

 

Precisamente siguiendo el mandato de la conciencia Margarita es, como muchas mujeres salvadoreñas a lo largo de la historia y en tiempos recientes, un ejemplo de amor y coraje para ingresar en la lucha y participar en ella desde muy joven, dedicando su vida a los ideales de la justicia y la libertad, a la solidaridad con los «otros» a la paz. Principios que ella ha unido siempre a una vida ética y humanista.

 

Seguir tu conciencia, con lo que significa de incertidumbre, de luchar sin saber cuál será el final. Margarita, cuando ingresó a las luchas sociales jamás pensó que llegaría a ser tan importante como lo es hoy. No pensó en el éxito, sino que creyó que debía actuar de acuerdo con sus principios pasara lo que pasara. Jugándose su futuro y el de su familia, poniendo en peligro su vida. Sin esa dedicación incondicional, sin ese valor tan peculiarmente femenino como es la abnegación, la revolución salvadoreña no hubiera existido. Sí, Margarita es de las mujeres que clavó los ojos más allá de la infamia y se sobrepuso a sus propios miedos para soñar otro país posible.

 

Si me preguntaran sobre el pensamiento que Margarita desvela en este libro, yo diría que ella se identifica muy bien con las siguientes palabras:

 

“Necesitamos una economía que sea capaz de responder a las necesidades de todas las personas de nuestro país, que pueda proveer de alimentos, vivienda, educación, atención medica, seguridad social y todo aquello que hace humana la vida. Aquello que le da a la vida alegría en lugar de convertirla en un prolongado encuentro con el desamparo y la desesperación”.

 

Amigas y amigos, estas son palabras de Nelson Mandela pronunciadas en 1990, poco después de ser puesto en libertad tras cerca de 30 años de prisión, ante el congreso de Estado Unidos. Las he recordado cuando me he puesto a pensar en el ideario de Margarita. ¡Qué feliz coincidencia!

 

El modo de pensar de Margarita, su manera de encarar la vida, arranca de un humanismo optimista que le hace creer que la felicidad es posible en una sociedad libre y democrática, en una sociedad donde las personas vivan en armonía y con iguales posibilidades, en una sociedad en la que todas las personas gocen de todos los derechos y la pobreza sea vencida para siempre. Es el ideal por el cual vive y por el que ella lucha: el Buen Vivir.

 

Se suele decir que las ideologías son armas de doble filo. Abren o cierran nuestra relación con el mundo y con la vida según como sean asumidas por cada persona. En Margarita el mundo de sus ideas ha sido siempre un mundo abierto, receptivo, lleno de empatía hacia los otros, viviendo su ideología con afán de entender, interpretar y actuar conforme a una serie de convicciones. Si es cierto que la persona está en el mundo para abrirse, no para replegarse, Margarita ha vivido abierta, en cierto modo autodidacta, y sintiéndose siempre parte activa de un colectivo, aunque su carácter tímido y a veces introvertido pueda aparentar lo contrario.

 

Margarita se incorpora a la lucha empujada por la ética. Para ella, la ética es el principal proyecto del ser humano. Esa ética le infunde capacidad de amar y capacidad de distinguir el bien del mal. Su ética desarrolla estas dos capacidades y el resultado es una mujer compañera y una mujer profundamente social. Parece que hay en esta virtud una nueva coincidencia. Escuchen por favor:

 

Estuve recientemente en Río de Janeiro. En esa ciudad todavía resuenan las palabras del Papa Francisco cuando exclamó ante miles y miles de jóvenes ¡Espero que salgan a las calles y que hagan lío! Y siguió diciendo: «Por favor, no dejen que otros sean los protagonistas de los cambios, ustedes son el futuro. No sean cobardes, no ‘balconeen’ la vida, no se queden mirando desde el balcón sin participar, entren en ella, como hizo Jesús y trabajen para construir un mundo mejor y más justo ». En un momento dado sus palabras parecieran estar pensadas para El Salvador cuando afirma: «Ningún esfuerzo de pacificación será duradero, ni habrá armonía y felicidad para una sociedad que ignora, que margina y abandona en la periferia a una parte de sí misma». Así es como piensa también Margarita.

 

Margarita no se quedó balconeando la vida. Ingresó en la fábrica y pronto descubrió en ella la explotación. Su reacción fue enrolarse en la lucha para construir un mundo mejor.

 

En la vida de Margarita no encontrarán ustedes saberes fríos, ideas envasadas en la teoría, sino ideas vivas de autodidacta, encarnadas en la acción, en un compromiso consciente de lo que en cada momento se jugaba. Y, es justamente esta riqueza espiritual la que muestra Margarita: una disposición permanentemente a cumplir su papel en la lucha, con modestia. Precisamente es su sencillez lo que hace de esta mujer un ser humano que es corazón de pueblo. ¡Cuántas mujeres salvadoreñas han sido combatientes anónimas! Mujeres del pueblo y para el pueblo.

 

Hoy, todos los sacrificios de todas las mujeres hace que puedan mirar al país y sentirse, con orgullo, parte activa de una buena nueva que nos dice: nace la esperanza, viene el cambio.

 

El cambio ya vino en 2009 con el nuevo Gobierno. Mauricio Funes como Presidente de la República y Salvador Sánchez Cerén, como ministro de Educación y como Vicepresidente, han profundizado los cambios al servicio principal de las mayorías. En el nuevo contexto de gobierno, de nuevo Margarita quiso comprometerse con el pueblo y aprovechando su nuevo estatus institucional de segunda dama del país ha trabajado por mejorar la vida de comunidades olvidadas. Ella nos cuenta en su libro los logros y las necesidades pendientes, y nos advierte desde ahora que como primera dama del país a partir de las elecciones de 2014 profundizará en el apoyo solidario a comunidades sumidas en la pobreza. Salvador y Margarita han cambiado el rol de la Vicepresidencia, haciendo de ella una palanca de nuevos cambios sociales y políticos de los que tanto está necesitado El Salvador: ambos han hecho de la Vicepresidencia un espacio para el pueblo y con el pueblo.

 

Quiero destacar, finalmente, el magnífico trabajo de Claudia Sánchez Villalta, hija de Margarita. En su rol de entrevistadora, logra tirar de todos aquellos hilos que nos permiten descubrir la personalidad y el pensamiento de su madre. Podría pensarse, a priori, que su vínculo fuera un obstáculo para la elaboración de un trabajo objetivo; sin embargo a lo largo del libro se demuestra todo lo contrario: es su conocimiento del personaje lo que la permite presentar a su mamá al gran público, tal y como es. Felicidades a Claudia.

 

Para terminar diría que el curriculum vite de Margarita podría resumirse siguiendo el poema de Leyla Quintana, una muchacha de Santa Tecla que cayó en el volcán en 1991:


            Mi tarjeta de presentación es la lucha

            Mi título: el sacrificio que goteamos en cada canto


Muchas gracias a ustedes por escucharme.



Noticias y reseñas

Enlaces