Paco Ignacio Taibo II y Fabián Escalante

Los verdaderos pecados de Cuba

21 de Julio de 2010 | 

Entrevista a Fabián Escalante: «Los grandes protagonistas de estos cincuenta años de Revolución Cubana fueron el pueblo y la solidaridad»


por Javi Álvarez

Paco Ignacio Taibo II, antes de presentar a Fabián Escalante, habla del bloqueo transnacional que existe con la literatura y los libros, algo imperdonable. Para luchar contra ese bloqueo, la Semana Negra de Gijón había conseguido traer algunos de los libros de Escalante, pero la mala noticia es que ya no queda ninguno porque se vendieron todos. Taibo está interesado en averiguar quién preparaba las filtraciones desde abajo, de los famosos topos en la CIA ya se ha visto mucho en la novela y en la televisión. Escalante, general retirado del contraespionaje cubano, es uno de estos protagonistas.

Fabián habla de un grupo de jóvenes revolucionarios que lucharon contra Batista y que después del triunfo de la Revolución Cubana crearon un grupo de trabajo en febrero del 59 para investigar los complots que se preparaban desde EE.UU. para Cuba. Aquel grupo de muchachos y muchachas carecía de preparación, eran jóvenes patriotas revolucionarios que compartían al pensamiento de que la palanca que debe mover el mundo es la solidaridad.

«¿Cuál ha sido el pecado de Cuba para estar en el punto de mira de los norteamericanos?», se pregunta. No es el comunismo, no es el socialismo. El primer gobierno tras la Revolución se puede señalar como compuesto por gente de la burguesía, sin embargo hablaba y realizaba medidas revolucionarias: reforma agraria, descenso de los precios de la vivienda, abaratar los medicamentos, bajar los precios de la luz... Ese era su verdadero pecado. Con Batista, EE.UU. quería hacer Las Vegas en La Habana, con eso es con lo que acaba la Revolución, y a la vez empieza a construir un camino para conseguir una enseñanza y una medicina gratuita. La actitud de la Revolución siempre ha sido de contragolpe, respondiendo a las agresiones de EE.UU.

«Desde Norteamérica se dice que la única manera de acabar con la Revolución es asesinar a Fidel Castro. Comienzan a polarizar el mundo con sus campañas de contaminación pública y te das cuenta que si el enemigo habla mal de ti es que lo estás haciendo bien. Campañas que con solo la introducción de la duda ya se considera una gran victoria». Pone un ejemplo claro que estamos viviendo estos días con la falsa denominación de “políticos” a los presos cubanos. «¿Presos políticos? No, simplemente presos. En todos partes, a los ciudadanos de un país que cobran un salario de otro para actuar contra el suyo, se les denomina “agentes”».

Esta guerra que dura ya cincuenta años tiene muchas historias. Entre ellas están los 158 intentos de asesinar a Fidel Castro que tuvieron todos los componentes (personas asignadas, fechas, lugares, armas...). Tira de documentación contrastada y cita algunos de ellos, como cuando en los años 60 la CIA contrató a la mafia de Chicago para este asunto. Han tratado de asesinarle de varias formas, a la persona, a su imagen y a sus ideas, se le ha calumniado. Estas historias pueden parecer ciencia ficción pero no lo son, la realidad ha sido así. Cuenta dos casos descritos por la CIA, en el primero de ellos planeaban utilizar unos polvos que le hicieran caer la barba o suministrarle LSD antes de una entrevista.

De la crisis de los misiles habla que los medios lo trataron como el hecho de unos misiles que los cubanos apuntaron a los EE.UU. Eso es lo que el mundo conoce. Lo que se desconoce, lo que los medios no contaron, es el hecho de que en 1961 el presidente Kennedy firmó una orden para crear una conspiración dentro del territorio cubano que sembrara el caos y que les permitiera acudir a sus soldados para salvar al pueblo cubano. Uno de los puntos de dicha orden incluía el uso de armamento bacteriológico. En aquel periodo se contabilizaron 5.768 actos terroristas. Todo esto es poco conocido.

Otro de sus libros habla del asesinato de Kennedy. En aquel tiempo Escalante era Jefe de la Seguridad y los EE.UU. les pidieron ayuda para la investigación. Después, cuando desclasificaron los documentos, siguió y encontró muchas piezas sueltas, como por ejemplo que la persona que atendía personalmente la seguridad del presidente había investigado la preparación de dos atentados, también contra Kennedy, en el que participaban varios cubanos exiliados, pero a los que nadie jamás interrogó. Cuenta que entre los exiliados habían molestado mucho unas palabras del presidente en las que decía que no permitirían otra Cuba en el continente, se sobreentendió que la actual, por tanto, se admitía.

Para escribir el libro siguió las rutas de la investigación tras Lee Harvey Oswald, el presunto asesino. Llegó a encontrar evidencias claras de que Oswald era un agente de la CIA que había trabajado en Rusia y se había asociado con la colonia cubana de Miami. No pudo realizar los cuatro disparos en cuatro segundos con un arma de retroceso como la escopeta utilizada. Tampoco pudo dar al presidente por delante y por detrás a la vez. Se trata de un chivo expiatorio. Esta operación tenía una segunda parte: a la muerte de Kennedy seguiría un atentado contra Fidel, una operación para culpar al gobierno de Cuba del asesinato y una invasión a la isla. Escalante no sabe realmente quién mató a Kennedy, pero sí que hay constancia de que agentes cubanos de la CIA y la mafia de Chicago intervinieron la CIA.

También ha publicado dos libros sobre Nicaragua. El primero de ellos —Operación Calipso— para hablar de los orígenes del conflicto. El segundo para hablar de la Nicaragua Sandinista de sus diez años de gobierno y la guerra constante promovida con la ayuda de EE.UU. que costó 65.000 muertos en un país que apenas tenía dos millones de habitantes. El otro «pecado» de Cuba es que por su persistencia ahora haya una nueva cultura en los gobiernos de Latinoamérica.

Contó anécdotas de su vida en el servicio de contraespionaje, historias que describen los pocos medios que tenían: acudían a las comunicaciones telefónicas, preparaban citas en lugares que habían desaparecido diez años antes... No superaban los cincuenta oficiales operativos frente a la base que la CIA montó en la inmediaciones de la universidad de Miami a la que llamó en clave JMWAY y que albergaba a 400 oficiales de caso, contaba con 4.000 agentes de origen cubano, barcos grandes, medianos y pequeños, aviones para volar a la isla, una empresa aérea de transportes desde la que empiezan a traficar con armas en Centroamérica y a traer droga de allí, astilleros, imprentas, alquiler de coches, agencias inmobiliarias... Tantos medios que daban de comer a casi toda la disidencia cubana.

Si no eran muchos los medios, lo que siempre tuvieron de su lado fue la colaboración del pueblo cubano y la solidaridad de toda América Latina.

 

Tomado de Rebelión



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