Lo necesario y lo posible

15 de Octubre de 2013 | 

La izquierda latinoamericana y las elecciones en Chile

Por Juan Jorge Faundes


“…de esta historia viva que, con sus virtudes y defectos, con sus aciertos y errores, escribe día a día la izquierda latinoamericana de carne y hueso, es que nacerá ese

otro mundo posible que demandan nuestros pueblos.”

 (Roberto Regalado, Los gobiernos de izquierda en América Latina, Ocean Sur: 2008).

 

El citado politólogo y académico cubano Roberto Regalado sostiene que desde 1998, con la elección de Hugo Chávez en Venezuela, nace una “nueva hornada” de gobiernos de izquierda (Venezuela, Brasil, Uruguay, Bolivia, Nicaragua y Ecuador) que se caracteriza porque “no destruye al Estado burgués, ni elimina la propiedad privada de los medios de producción, ni funda un nuevo poder ejercido exclusivamente por las clases desposeídas.” En cambio, “accede al gobierno de acuerdo con las reglas de la democracia burguesa, incluido el respeto de la alternabilidad, en este caso con la derecha neoliberal (…) y para gobernar (…) se siente obligada a establecer alianzas con fuerzas ubicadas a su derecha.” Además,  “dentro de los propios partidos, movimientos políticos y coaliciones de izquierda coexisten corrientes socialistas, socialdemócratas y de otras identidades, que tienen discrepancias entre sí sobre cuánto respetar y cuánto forzar los límites del sistema de dominación imperante.”

 

Se pregunta “hasta qué punto cada fuerza de la izquierda que accede al gobierno acepta ejercerlo como un fin en sí mismo, y en qué medida está decidida a quebrar la hegemonía neoliberal”.  La respuesta “depende, entre otros factores, del resultado de la lucha ideológica” al interior de los partidos, movimientos y coaliciones.

 

En La izquierda latinoamericana en el gobierno, ¿alternativa o reciclaje? (Ocean Sur, 2012) Regalado agrupa a estos gobiernos en dos grupos: “gobiernos electos por el quiebre o debilitamiento extremo de la institucionalidad democrático neoliberal” (Venezuela, Bolivia y Ecuador) y “gobiernos electos por acumulación política y adaptación a la gobernabilidad democrática” (Brasil y Uruguay). En el primer grupo se observa la promoción de un curso económico más estatista, conflictos con Estados Unidos y tensiones con la burguesía criolla. Su proyecto “oscila entre el neodesarrollismo y la redistribución progresiva del ingreso”.  En el segundo, mantienen una relación ambigua con EE.UU., defienden los intereses generales de los capitalistas, “toleran las conquistas democráticas, pero obstaculizan las reivindicaciones populares”.

 

Cita a Claudio Kast que afirma que en estos dos grupos las tareas pendientes son la “revolución social” (porque no han sustituido por otras las relaciones capitalistas de producción) y la “revolución política” (porque no han sustituido el sistema democrático burgués).

 

Los rieles por los que se desplaza este proceso  serían: 1) El acumulado de las luchas populares libradas a lo largo de la historia de América Latina, y de cada país en particular; 2) la lucha en defensa de los derechos humanos, en especial contra los crímenes de las dictaduras militares, y 3) el aumento de la conciencia, organización y movilización social y política registrados en las luchas contra el neoliberalismo, donde en Chile han tenido un rol protagónico estudiantes y ciudadanos.

 

Aterrizando en el Chile de hoy, opino que la izquierda debe optar por lo que el profesor Patricio Orellana Vargas (“Política y movimientos sociales”, agosto 2013) denomina “hacer posible lo necesario”. “Lo necesario es una sociedad más igualitaria y justa que vaya en una dirección socialista. Lo posible es encontrar el camino práctico para vencer las dificultades y lograr avanzar hacia ese objetivo necesario. Los que se quedan en lo necesario son los que exigen todo ahora, los que se quedan en lo posible son los que aceptan convivir en el sistema de explotación vigente. La visión dialéctica es unir ambos conceptos: lo necesario y lo posible.”

 

Así, el planteamiento estratégico de la izquierda ante las próximas elecciones debería ser la convergencia del movimiento social y de la izquierda institucional para:

 

1) Asegurar lo posible (Bachelet) con la coalición que abarca desde la izquierda tradicional (Partido Comunista) a la derecha moderada (Democracia Cristiana). Las otras opciones y la abstención tendrán la consecuencia de favorecer a la derecha (efecto cura de Catapilco).

 

2) Una vez en el gobierno,  avanzar hacia lo necesario: una revolución social y una revolución política, desarrollando una lucha ideológica dentro y fuera del conglomerado gobernante, y empujando con el ariete de las  movilizaciones sociales y ciudadanas.

 

La Revolución de Octubre necesitó primero un Gobierno provisional con liberales y socialistas moderados, hasta la toma del poder en noviembre por los bolcheviques. Durante la invasión japonesa, el Kuomintang y el Partido Comunista de China interrumpieron su lucha y formaron un frente unido contra los invasores. Cuando los japoneses se retiraron de China se reanudó la guerra que ganó el PC.

 

Publicado en Punto Final Nº 791, 11 al 24 de octubre 2013, p. 11



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