La vigencia del Che y del Hombre Nuevo

27 de Noviembre de 2014 | 

Diálogo con Aleida Guevara en “Punto Final”

Por Juan Jorge Faundes


"Quisierá, quisierá tener un hijo, brillante, brillante como un clavel…Ligero, ligero como los vientos, para lla, para llamarlo Manuel y apellidarlo Rodríguez, el más preciado laurel…”.


La tonada “Hace falta un guerrillero”, de Violeta Parra, que emite la vibrante voz de Aleida Guevara March, la hija del Che, emociona las sobrias oficinas de Punto Final y arranca aplausos en el edificio de calle San Diego. “De niña me aprendí esta canción, es preciosa. Es una de las canciones más lindas que a mí me llega de Violeta”, confiesa a Manuel Cabieses, director de la revista, con quien mantiene una conversación de más de una hora que ya se aproxima al final. Presen-cian la conversación David Deutschmann, editor australiano presidente de las editoriales Ocean Press y Ocean Sur, que acompañó a Aleida a la Feria Internacional del Libro de Santiago (Filsa 2014), y quien escribe esta nota, responsable de Ocean Sur en Chile.

 

“Manuel Rodríguez es uno de los perso-najes que en Chile aman los que estamos en estas peleas”, dice Cabieses. “El fue también muy heterodoxo, un personaje, en algún sentido, con rasgos como los de tu padre. De épocas muy distintas, pero con esa ge-nialidad y coraje de ir contra la corriente”. “Me encanta esa canción”, musita Aleida que de pronto parece perderse en los recuer-dos. “Y la cantas muy bien”, acota Cabieses. “Ella cantó con Chávez”, interviene David que sale de su contemplativo silencio. “¡Ah! Yo cantaba con Chávez boberías”, ríe Aleida: “…si él hacía el papelón, yo lo acompañaba”.

 

CHAVEZ Y FIDEL


“He ahí otro personaje de esta época post-Guevara”, comenta Cabieses. “Yo también conocí a Chávez, lo traté bastante, y sentí por él una gran admiración. Sobre todo admira-ción por la evolución que él fue teniendo. Lo conocí poco después de haber sido elegido presidente y aún no había asomos del socia-lismo del siglo XXI. Estaba en otra. Había sido elegido por un conjunto muy amplio de personas, hasta de derecha…”.

 

“El único que lo había ‘descubierto’ desde un inicio era Fidel Castro”, dice Aleida. “Todavía Chávez no era presidente y Fidel lo recibió en La Habana al pie de la escalerilla del avión, lo que a Chávez le impresionó”.

 

“Se constata la capacidad de Fidel”, sostie-ne Cabieses, “de captar a un revolucionario desde su nacimiento”.

 

Son varios los temas que van pasando por la conversación: la microeconomía cubana, las cooperativas del MST en Brasil, las narco-masacres en México. Cabieses narra la historia, que Aleida desconocía, de cómo Punto Final cumplió un rol en el transporte a La Habana, desde Santiago, del diario del Che, en un barretín que hizo Flora, la esposa de Cabieses: una muñeca a la que se podía quitar la cabeza, donde se pusieron las pelícu-las del diario, y se envolvió en papel de regalo para simular que era un obsequio que Mario Díaz, cofundador y subdirector de la revista, muerto en el exilio, llevaba a La Habana en su equipaje. “Y por eso nos ganamos el derecho a publicar una edición para América Latina, que te la voy a mostrar”, dice.

 

EL CHE EN CHILE


Cabieses: “La imagen no sólo física, la imagen política, ideológica del Che está muy viva aquí. Sobre todo en la juventud. Este es un país muy curioso, como te habrás dado cuenta; predomina un conservaduris-mo paralizante en muchos aspectos, pero sin embargo en la juventud chilena, en mi opinión, viene fermentando un proceso de cambios, de búsqueda, de aire nuevo. Nos está asfixiando el neoliberalismo. Y entonces en este proceso es donde el Che vive. Eso se refleja en las marchas, en las manifestaciones públicas. Siempre hay pancartas, carteles, con imágenes del Che. Es un fenómeno curioso, ambivalente. Por un lado el peso muy grande del conservadurismo, y del temor, y por otro ese reverdecer de las eternas ideas que mueven a estas luchas. En ellas el Che es parte sustantiva. Y resalto lo importante de la labor que está cumpliendo una editorial como Ocean Sur, y no lo digo discursivamente, sus trabajos son muy importantes porque ayudan a crear conciencia revolucionaria”.

 

Aleida: “Y a conocer más profundamente a la persona del Che. Eso nos ha pasado muchas veces. Que los muchachos tienen
una imagen, pero no tienen una idea real de quién era este hombre. Solamente se quedan en la superficie: guerrillero, combatiente por la vida, pero el hombre es mucho más rico, ¿no? Y tiene muchas más posibilidades de llegar, sobre todo a los jóvenes, a través de su propia vida. Porque él fue describiendo desde muy joven las cosas que le pasaban. Y a veces cuando tengo que hablar con los jóvenes sobre este libro, Notas de viajes, les digo que la primera vez que lo leí, yo tenía dieciséis años. No sabía quién lo había escrito, porque mi mamá me lo dio como un manuscrito. Me dijo, a ver, léete esto. Pero no me explicó quién era. Yo estaba enamorada de ese muchacho y resulta que era mi papá. Y otra vez me sentí orgullosa de ser hija de ese joven. Pero cuando lo sigo leyendo llego hasta a sentir vergüenza aje-na, porque mi papá cuenta cada cosa ahí... A ver, todos los jóvenes de alguna forma hemos hecho locuras. Pero, ¡a quién se le ocurre escribirlas! Es de una honestidad
asombrosa. El siempre va para adelante”.

 

Cabieses: “Esa es una de las características que tuvo tu padre. El valor de decir muchas cosas que la mayoría prefiere silenciar. Por ejemplo, las observaciones sobre el socialis-mo de su época; la historia fue probando cuánta razón tenía en las observaciones que él hizo”.

 

Aleida: “Una de las cosas que le agrega al socialismo es que el hombre tiene que ser el centro del sistema, sobre todo los jóvenes. El le da mucha importancia al papel de los jóvenes en la revolución socialista porque, lo hemos comprobado, o los muchachos se sienten partícipes del sistema, o éste no avanza. Primero, porque ellos son el relevo. Y, luego, porque deben estar convencidos de que realmente es algo positivo. Pero para eso, lo tienen que ir construyendo ellos mismos. Cuando tú construyes tu casa, la cuidas más que cuando la compras hecha. Porque te costó trabajo construirla. Cuando los jóvenes van poniendo su experiencia, su fuerza, su alegría en la construcción de un proceso, éste es invencible. Y el Che demuestra eso en la práctica, y habla mucho con los jóvenes, todo el tiempo él está encima para marcar valores importantísimos de lo que él llamó después un Hombre Nuevo”



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