La disidencia revolucionaria del Che Guevara

24 de Junio de 2013 | 

Entrevista al destacado historiador cubano Pedro Pablo Rodríguez, ponente en el Coloquio "Che Guevara en la hora actual, a 85 años de su natalicio"


Por Yohana Lezcano Lavandera

 

Disidir es, según la Real Academia de la Lengua Española, «separarse de una doctrina, creencia, conducta  u opinión». Tal definición se aproxima bastante a aquellos significados que mi mente construía en torno al verbo mientras mi entrevistado lanzaba su primera provocación: «El Che fue un verdadero disidente».


Cada frase certera que descontaba mi corto tiempo de diálogo con el historiador Pedro Pablo Rodríguez surcaba un trillo cómplice entre nosotros, matizado quizás por diferencias generacionales. Guevara «se pasó la vida disintiendo con muchos de sus propios compañeros, con muchas de las propias concepciones que entonces se manejaban y trataba de oxigenar, de abrir caminos al pensamiento, a la creatividad y a la propia concepción sobre socialismo. Vamos a usar la palabra en su verdadero sentido, que es que disiente, y no necesariamente tiene que ser un enemigo», aclara.

 

«Su inconformidad constante y su permanente espíritu renovador, lo hicieron un  revolucionario dentro de la propia revolución. El Che, además de un dirigente político, era todo un intelectual con una inquietud tremenda. Uno se queda admirado de la frescura, de la renovación de ideas de ese hombre. Sus concepciones lo mueven a uno a pensar, la realidad no se puede cambiar sin pensar», reflexiona con el tono reposado de quien ha meditado a fondo los afanes de transformación social.

 

Y con la responsabilidad que tal encargo le otorga este estudioso intenta calmar mis ansiedades de joven cubana que apuesta por vivir y sentir al Che de un modo auténtico, genuino. ¿Cree que los cubanos de hoy seamos mujeres y hombres nuevos a la manera del Che? ¿Cuánto hemos alcanzado y cuánto nos resta para acercarnos a ese horizonte posible de justicia y participación social, de dignidad plena y respeto al otro?

 

«Existen dos versiones antitéticas –suelta con la determinación de un sabio-. Para muchos la juventud está perdida, y para otros, es una perfección. Ni toda la juventud ha estado perdida nunca, ni tampoco ha sido una perfección siempre. Los jóvenes son expresión de su contexto, son resultado de los años que hemos vivido. El país ha experimentado una crisis muy larga que ha dado lugar a desencantos, a desánimos, a formas de individualismo. Se trata de que la sociedad se vaya reajustando a proyectos comunes.

 

»Quizás no tenemos a ese hombre nuevo, no lo sé, no me atrevería a afirmarlo, hay mucha gente que tiene, sin embargo, muchísimas características de hombre nuevo y de personas nuevas, es decir, muy distintas de lo que fue en mi época, en mi generación. Yo creo que quizás lo mejor sería pensar que no lo tenemos, para seguir batallando por tenerlo, porque aunque existen ya algunos rasgos, ¡qué bueno que estos aumenten, que sigan creciendo cada vez más!

 

»Hay una gran batalla que ganar con los jóvenes, no contra los jóvenes. La victoria en esa batalla será que toda la gente joven sienta que son cubanos y que es muy importante que estén en Cuba y no en otros lugares. Hay que buscar la manera de que esa emigración masiva de jóvenes, que es comprensible, que es explicable, que no da motivo para romper con esas personas, pueda ser detenida por nuestro propio país para otorgarles posibilidades y realidades a esos jóvenes, para ofrecerles sueños, esperanzas…».

 

¿Cuáles pueden ser las pistas para transfigurar las aproximaciones de la nueva generación al Che, para entenderlo no como ícono de una revolución lejana, sino como ser humano, como padre, como soñador, como disidente?

 

«Lo que sucede con la figura del Che es lo que pasa con cualquier persona que rompe las normas y se convierte en símbolo. Debemos hacer comprender que dentro de los indudables signos de grandeza de una personalidad como esa, la mayor virtud está justamente en retarse una y otra vez a sí mismo y vencerse a sí mismo en su capacidad humana, de entrega, de sacrificio.

 

»Ahí está el elemento que se debe comprender, asimilar: ninguna persona va a ser absolutamente perfecta, el día que todos los seamos la vida será aburridísima, pero sí tenemos que aprender que lo logrado en el plano individual y como colectividad va a ser resultado del esfuerzo de cada uno. Esa es la vida, una batalla constante con uno mismo», sentencia.

 

Y agrega: «Eso a la gente no se le enseña, y entonces se da por supuesto que el mundo tiene que ser perfecto y las personas por tan perfectas y tan divinas se convierten en sobrehumanas.

 

»Creo que no todos podremos ser como el Che, pero lo importante es percibir su espíritu, como decía Aleida Guevara, hay que practicar vivir como él, y eso quiere decir también sentirse una persona de su época, de su tiempo y nunca creer que uno está por encima de los demás.

 

»Se habla mucho del Che, pero en ocasiones se queda en consignas. Hay que estudiar al Che, mucha gente aún no lo han leído, creo que para eso sirve el Coloquio que acabamos de realizar. Hay que insistir en conocer que aquel hombre vivía con una libreta de abastecimiento, que aquel hombre no disfrutaba de beneficios y que de ningún modo rechazó a los otros.

 

»El Che era un artista, un alma artística, ¡tanto tendríamos que aprender en ese sentido! –suspira con un asomo de confianza el consagrado investigador. Creo que ahí estarían las mejores lecciones de él. La grandeza de una persona solo está en la misma medida en que no se cree superior, eso bien que lo sabía el Che».

 

 

Tomado de Che Guevara. Proyecto editorial.

 



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