La audacia de una Revolución
Entrevista al diplomático, escritor y periodista cubano Ramón Sánchez-Parodi, autor de Cuba-USA, Diez tiempos de una relación (Ocean Sur, 2011), libro donde analiza aspectos sobre las relaciones entre ambos países
por Marta G. Sojo
Lo consideran un analista agudo de la política de Estados Unidos. Reconocimiento que se ha ganado por su larga data dedicado al estudio de las problemáticas de esa nación y, al propio tiempo, por su experiencia en la labor diplomática, una gran parte de ella en Washington D.C., como jefe de la Sección de Intereses de Cuba.
Cuba-USA, Diez tiempos de una relación es el libro en el cual cuenta las razones profundas de la interrelación entre ambas naciones. Su testimonio es un minucioso examen, con un gran contenido informativo y existencial adquirido en su labor durante 12 años en la capital norteamericana.
Ramón Sánchez-Parodi Montoto, tiene en su haber la participación en el proceso de negociaciones que dio lugar al establecimiento de las llamadas secciones de intereses en cada país. Con posterioridad, fue viceministro de Relaciones Exteriores, embajador de Cuba en Brasil y vicedirector de la Oficina del Programa Martiano, bajo la dirección de Armando Hart Dávalos. Como periodista y escritor ha publicado artículos en el periódico Granma, y en otras editoriales nacionales e internacionales.
En el presente volumen —como se explica en su contraportada— trata con particular atención el tema del diferendo bilateral; apoyándose en documentos y sus vivencias personales, profundiza en la hostilidad del imperio yanqui y la contrapartida de un pueblo que se resiste a tal dominio, con un sentimiento sintetizado en su disyuntiva de Patria o Muerte.
¿Cuál es la tesis que quiere fundamentar en su libro sobre las relaciones entre los dos países?
―El elemento esencial y clave de esto es destacar que, a diferencia de lo que se dice comúnmente, que las relaciones entre Cuba y Estados Unidos están malas a partir del triunfo de la Revolución, la realidad es que lo están desde que ellos surgieron como nación independiente, por más de 200 años, debido a la persistencia del interés de las fuerzas dominantes, tanto las de antes, como después, de ejercer un control sobre Cuba, incluso de apoderarse físicamente de la Isla. Esa es la tesis central.
¿Considera que José Martí pronosticó el futuro que se nos avecinaba en lo referente a nuestro trato con los gobiernos norteamericanos?
―No es que Martí avizoró el futuro. Es que determinó claramente cuáles eran las raíces de los problemas y los retos que representaron para los países de América Latina y para la propia Cuba el proceso de independencia del poder colonial. Y en el caso de Cuba muy concretamente basado en las experiencias de la guerra de los 10 años, la necesidad de lograr la unidad y el concurso de todas las fuerzas del país para la lucha por la independencia. Creo que ese es uno de los más importantes aportes que el Apóstol brindó. Martí pudo desentrañar los orígenes, las condiciones, las circunstancias y las perspectivas de que Estados Unidos ejerciera lo que después hemos conocido como un dominio y una política imperial, en el sentido moderno, que posteriormente fundamentó ya de otra manera el propio Lenin.
“En tercer lugar pudo prever la importancia que tenía para América Latina la independencia de Cuba, frustrada en gran medida a finales del siglo XIX y principios del XX, por la intervención norteamericana en la guerra hispano-cubana; con el poder revolucionario se ha manifestado la importancia que ha tenido nuestro país para cerrarle el camino a las ambiciones imperiales de EE.UU. en nuestro continente”.
Han pasado diez presidentes norteamericanos desde el primero de enero de 1959 y nunca se han logrado restablecer las relaciones plenas. ¿Podría todavía Obama ser la excepción para el cambio?
―No sé si Obama pueda ser la salvedad. Lo que sí está claro es que si no hay cambio Estados Unidos está abocado a un fracaso total después de 50 años y diez presidentes. No tiene otra opción que modificar su política. Obama, en todo caso, tiene la oportunidad de producir ese cambio, pero no sé si malgastará esa oportunidad; hasta ahora no parece muy decidido a hacer la corrección ineludible.
¿Por qué estima que bloquear y aislar a Cuba constituye un gran error en la política estadounidense?
―Entre otras cosas porque ha fracasado totalmente en cuanto a sus pretensiones de dominación y de ejercer influencia en Cuba en todo. Es un error también porque ha marcado y ha creado dificultades a Estados Unidos en sus propias relaciones con América Latina, ya que intentaron sumar a los gobiernos del área a sus ataques contra la Isla, algo que en un momento determinado lograron, pero al final ha sido un error, que les ha impedido desarrollar una relación constructiva con todos los sectores hispanoamericanos y del Caribe.
“En la serie televisiva Las Razones de Cuba se han estado dando algunos elementos de cómo han tratado de aferrarse a la política de hostilidades, pero esta constantemente ha ido naufragando, pensando a partir de cada fracaso una nueva modalidad, y todas los llevan al mismo desenlace. En estos momentos están aislados. Por tanto, lo único que les queda es cambiar esa política. Si no la cambian perderán posibilidades de ejercer una influencia beneficiosa en el desarrollo con el resto de las naciones en este continente.
“Ese es el estado en que se encuentra la situación en estos instantes; no tienen otra solución que cambiar posturas, pues no cambiarlas significa seguir hundiéndose en el pantano de la incapacidad y la impotencia”.
¿Acaso permanecen aferrados a la teoría de que al morir los dirigentes históricos de la Revolución otro gallo cantará?
―Ya ni esa teoría la pueden sustentar, porque está claro que en el presente el Comandante en Jefe no ocupa cargos en la estructura del Gobierno y Estado cubanos y nada ha pasado. El proceso entra en una nueva etapa acorde con estos tiempos. Una muestra la vemos en el desarrollo del Sexto Congreso del Partido. Y también, en la nueva hornada de dirigentes jóvenes, que ya es un hecho real, no del futuro. Así que ese momento pasó. La Revolución, al contrario, se fortalece en estas nuevas circunstancias.
Usted afirma en el libro que se está dando la pérdida de capacidad de Estados Unidos de ejercer una política imperial. ¿Razones?
―El poder imperial estadounidense, no hay duda, está en declive. Hoy mismo leía una entrevista en la cual Noam Chomsky hablaba en esos términos: cómo su nación ha perdido esas capacidades desde el fin de la II Guerra Mundial, cuando su economía representaba el 50 por ciento de la mundial. Ahora, donde único le queda una preponderancia es en el sector militar. Pero, como apuntara Fidel Castro, es prácticamente suicida el que pretenda utilizar todo el poderío nuclear para ejercer su poder imperial. Algo que pondría en peligro la existencia de la humanidad. Por lo tanto, la sensatez es el único camino abierto, y reconocer las realidades del mundo actual y la necesidad de abandonar esas ambiciones hegemónicas que las fuerzas dominantes tratan de ejercer.
Durante 12 años dirigió la Sección de Intereses de Cuba en Washington. ¿Cuáles cree que fueron los momentos más difíciles o conflictivos?
―Yo no diría que hubo uno más que otro, sino que todos han sido parte inseparable e integral del mismo proceso; todos fueron trascendentes y de mucho peso en esta experiencia.
Lleva muchos años de diplomático. ¿Considera que eso le dio la oportunidad de presenciar o participar en circunstancias especiales?
―Creo que todos hemos estado en momentos especiales en la historia de Cuba. El haber vivido el proceso revolucionario es haber podido tener una experiencia de lo que es una revolución profunda, una revolución que ha sabido resistir al enemigo poderoso del mundo en toda la historia. En la diplomacia y fuera de la diplomacia creo que todos hemos tenido la honra y el gran aprendizaje de haber vivido dentro de este proceso.
En su criterio, ¿cuáles han sido las batallas diplomáticas más importantes de Cuba en la ONU y en Washington?
―Girón, la Crisis de Octubre, la defensa de nuestra independencia en momentos en que EE.UU. nos ha amenazado con usar hasta el arma nuclear… Todos han sido instantes trascendentes, batallas importantes, pero no más importantes unas que otras; todas han sido necesarias, y han desempeñado su papel en mantener la independencia, la integridad y la soberanía.
Tomado de Bohemia



La guerra de EE.UU. contra Cuba 








