El lado íntimo del Che

28 de Noviembre de 2014 | 

Se saben muchas cosas de Ernesto Che Gue-vara. Faltan, sin embargo, consideraciones o informaciones más personales, más íntimas.


Por Antonio J. Salgado

 

Se saben muchas cosas de Ernesto Che Gue-vara. Faltan, sin embargo, consideraciones o informaciones más personales, más íntimas.

Está ahora a nuestro alcance el libro Evocaciones. Mi vida al lado del Che, de Aleida March (Ocean Sur, 191 págs.) con bastantes fotografías y hasta el texto de un breve cuento del Che, titulado “La piedra”. Aleida March fue esposa del Che más o menos diez años, desde un poco antes del triunfo de la Revolución Cubana hasta su muerte en Bolivia, en 1967. Ya en el título hay cosas interesantes: es “mi” y no “la” vida. Es “al lado” y no “con”, preposición que entraña la idea de cercanía estrecha que también es expresión de identidad personalizada.

Aleida March, hija de padre catalán y madre cubana, de familia campesina, fue inicialmente maestra, graduada muy joven, que hizo luego un doctorado en pedagogía y más tarde estudió histo-ria, con califi caciones destacadas. Desde su juven-tud fue revolucionaria. Ingresó al Movimiento 26 de Julio, cuando actuaba en la clandestinidad en lucha armada contra el dictador Fulgencio Batista. Un amigo presbiteriano la invitó al Movimiento, que operaba en la zona de Santa Clara con proyección hacia la Sierra del Escambray, donde operaba una guerrilla dirigida por el Che. En las ciudades y en los campos había redes de apoyo, cuya tarea era especialmente peligrosa.

Aleida demostró ser una revolucionaria dis-ciplinada y valerosa. Fue comisionada para que subiera a la Sierra para hacer contacto directo con los guerrilleros. Allí conoció al Che. No fue amor a primera vista. El Che le inspiraba demasiado respeto y además, le parecía un hombre mayor. El Che estaba separado y preparaba su divorcio. El relato es minucioso, sobrio, pero lleno de emoción dentro de su sencillez. Hay amor, que en algún momento le declara el Che a tropezo-nes, contenido, por el trabajo revolucionario que era cuestión central. Entretanto, la guerra se fue haciendo más encarnizada y difícil. Santa Clara adquirió importancia estratégica. Con ideales compartidos, empieza un amor que se va fortaleciendo. Llega la victoria, y el Che con su columna entra en La Habana. Primero viven en la fortaleza de La Cabaña, donde se juzga a criminales de guerra. El Che asume crecientes responsabilidades. El entusiasmo es indescripti-ble. La revolución tiene repercusiones mundiales.

El Che debe preocuparse de la industria, en la Reforma Agraria. No abandona otras responsabilidades anteriores, como la construcción de la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos. Aleida se queda un poco atrás. Hay un niño en camino. Participa en la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y luego, por razones de seguridad y un poco por celos, se convierte en la secretaria del Che. Este es presidente del Banco Central y luego ministro de Industria. Comienzan los viajes en busca de apoyo: Naciones Unidas, OEA, Ginebra, y países como Estados Unidos, Argelia, Unión Soviética. Aleida, por la FMC, también viaja. Visita Chile y conoce a Salvador Allende.

El relato se hace apasionante. Parece estar presenciando la Revolución por dentro. Se convive incluso con profesionales
extranjeros, especialmente economistas que llegan a ayudar. Entre ellos: Jaime Barrios, Juan Noyola, Albán Lataste, Carlos Romeo, Ciro Oyarzún, Raúl Maldonado, Alberto Martínez.

El tiempo pasa rápido. Playa Girón, primero, más adelante la crisis de los misiles y el comienzo del bloqueo. Los hijos ya son cuatro. Dos niños y dos niñas. Cada vez hay más trabajo. El Che decide viajar a Africa a apoyar la lucha liberadora en el Congo. Aleida quiso ir con él, pero la convence que no es posi-ble y la motiva para que estudie francés para cuando las cosas mejoren en Africa.

Luego la atención del Che se volvió hacia América Latina, hacia Bolivia. Hay cartas y hay algunos encuentros en medio del mayor secreto. Finalmente el Che llega a Bolivia y se incorpora a la gue-rrilla. Aleida cuenta poco de esta etapa que termina con la muerte del Che. Es imaginable su dolor extremo, ejemplifi -cado en que no haya podido leer nuevamente el Diario del Che, en cuya edición cubana participó para asegurar la corrección del manuscrito, que llegó a Cuba gracias a una operación novelesca por intermedio de Punto Final.

Vuelve Aleida a sus labores. Los hijos ya han crecido. Trabaja en la FMC y sobre todo, con el aparato exterior de Cuba con el canciller Raúl Roa; publica un Atlas histórico de América Latina y es elegida diputada a la Asamblea Nacional. A instancias de Fidel, crea y dirige el Centro de Estudios Che Guevara.

Termina Evocación, un libro recatado y sencillo, con un recuerdo orgulloso hacia sus cuatro hijos que han seguido los pasos de los padres, y sus diez nietos en formación. Escribe: “Me siento satisfecha, y cuando mi ciclo vital se acerque al cierre, quisiera decir como dijo el Che: ‘Recuérdenme de vez en cuando...’

 

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 818, 28 de noviembre, 2014

 



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