En apenas dos años, la prepotencia y el desespero imperial han prevalecido

El Poder inteligente y la falacia imperial

23 de Septiembre de 2010 | 

Palabras de presentación del número 169 de la revista Tricontinental, ocurrida en la sede de la OSPAAAL (La Habana), el pasado 17 de septiembre de 2010


por Randy Alonso

 

El “poder inteligente” sonaba atractivo a oídos numerosos después de tanto “poder bruto”. Se emparentaba con el “Cambio” que el primer Presidente negro de los Estados Unidos proclamaba como victorioso slogan al que no se le veían las profundidades.

La primera vez que escuché el término “smart power” fue en boca de la nominada secretaria de Estado Hillary Clinton, quien prometía que, tras los bombazos y el lenguaje de cowboy universal de George W. Bush, la diplomacia pasaría a ser la vanguardia de la política exterior estadounidense.

Pero realmente no era algo nuevo. Se trataba de la institucionalización de la estrategia esbozada antes por el subsecretario de Defensa para Asuntos de Seguridad Internacional de Bill Clinton, Joseph S. Nye, de combinar “poder duro y poder suave”, “fuerza militar y acción diplomática” en las relaciones internacionales.

 

Nye presidió en el 2007 junto a Richard Armitage, ex subsecretario de Estado de la administración Bush, una llamada Comisión del Poder Inteligente, convocada por el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales de Washington y conformada por congresistas demócratas y republicanos, ex embajadores, oficiales militares retirados y directores de organizaciones sin fines de lucro. La principal conclusión del ente fue que “la imagen e influencia de Estados Unidos había decaído en los últimos años, y que Estados Unidos debe pasar de exportar miedo a inspirar optimismo y esperanza”.

Nada de improvisación o de inspiración divina de la que Bush se ufanaba. Se trata de una estrategia delineada por las élites de poder para adecuar a las nuevas realidades el propósito incólume de mantener incontestable el dominio de los Estados Unidos.

Bajo tales fines, con amplia sonrisa y estudiada retórica, se comenzó a vender la idea de una cambio en la relación con América Latina, de otra mirada al mundo musulmán, de un mayor compromiso con las instituciones internacionales, de la necesidad de concertación con otras naciones. Buenas ideas para oídos incautos.

Pero en apenas dos años, la prepotencia y el desespero imperial han prevalecido. El poder militar ha continuado siendo, en medio de una crisis económica y moral del imperio, el arma primera y última de Washington. Siete bases militares se plantaron en Colombia en amenazante posición para América Latina, el mayor presupuesto militar de la historia fue aprobado por el congreso y firmado por el Presidente en la Casa Blanca, más soldados fueron enviados a Afganistán para reforzar la más absurda de las guerras, operaciones especiales se han ejecutado en más de setenta y cinco naciones al amparo de directivas secretas aprobadas por el gobierno estadounidense, un alevoso golpe militar fue santificado en Honduras, un nuevo ejército ciberespacial se ha puesto en marcha para el control total de la internet y una guerra de impredecibles consecuencias se prepara contra Irán, aduciendo el peligro de la amenaza nuclear, mientras se presiona a los países árabes para que dejen de reclamar la desnuclearización de Israel.

Más de una promesa se volvió puro espejismo. La cacareada retirada de Irak deja aquella nación en el caos y a unos 50 mil soldados y decenas de miles de mercenarios velando por los intereses yanquis; la prisión de los horrores de la ilegal base naval en Guantánamo no ha sido cerrada tras casi dos años de anuncios; la política hacia Cuba poco ha cambiado, mientras el bloqueo, la subversión y las campañas políticas y mediáticas se intensifican.

A desnudar estas esencias, a mostrar la sofisticación del poder brutal del imperio, se dedica el número 169 de la revista Tricontinental que hoy presentamos.

Las políticas norteamericanas contra Cuba, Venezuela, Honduras, Bolivia, Irán, Afganistán y los pueblos árabes, la manipulación de la opinión pública europea por parte de la CIA, el papel de los medios de comunicación en los propósitos imperiales, la injusticia que se sigue cometiendo contra cinco heroicos luchadores antiterroristas —a cuya jornada internacional por su liberación se dedica esta presentación—, son analizados aquí por prestigiosos intelectuales y académicos como Noam Chomsky, Atilio Borón, Norman Girvan, Saul Landau, Roberto Regalado, Jim Lobe, Ernesto Gómez Abascal y otros.

El juego sucio, la mentira, la irracionalidad de un imperio que puede llevarnos hasta una devastadora guerra nuclear, como ha denunciado Fidel, encuentran respuesta contundente en este valioso empeño editorial del colectivo de la Tricontinental y de la OSPAAL. Una excelente contribución a la batalla de ideas y a la creación de conciencia a la que nos sigue convocando el líder de la Revolución Cubana.

Hay quienes, desde la perversidad y la manipulación de los medios, pretenden hacer ver a un Fidel que ha “resucitado” con una vocación pacifista. Olvidan que desde hace cincuenta años, por estos mismos días, el 26 de septiembre de 1960, en un histórico discurso ante la Asamblea General de la ONU, Fidel dejaba clara la vocación la aspiración y los propósitos de Cuba, entre los que resaltaba:



[…] la humanidad no debe ser jamás llevada a una hecatombe por intereses egoístas y bastardos!, la humanidad, nuestros pueblos, no nosotros, han de ser preservados de esa hecatombe, para que todo lo que el conocimiento y la inteligencia humana han creado no sirva para la propia destrucción de la humanidad.

[…]

¡Los guerreristas y los militaristas deben ser descubiertos y condenados por la opinión pública del mundo!  Este es un problema que no le incumbe a minorías, le incumbe al mundo, y hay que desenmascarar a los guerreristas y a los militaristas, y esa es tarea de la opinión pública.

[…]

…si nosotros los países subdesarrollados queremos tener una esperanza de progreso, queremos tener una esperanza de ver a nuestros pueblos disfrutando de un estándar de vida más alto, luchemos por la paz, y luchemos por el desarme, que con la quinta parte de lo que el mundo se gasta en armamentos se podía promover un desarrollo de todos los países subdesarrollados, con una tasa de crecimiento del 10% anual.  ¡Con la quinta parte!  Y podría elevarse, por supuesto, el estándar de vida de los países que gastan sus recursos en armamentos.

Y la guerra es un negocio.  Hay que desenmascarar a los que negocian con la guerra, a los que se enriquecen con la guerra.  Hay que abrirle los ojos al mundo, y enseñarle quiénes son los que negocian con el destino de la humanidad, los que negocian con el peligro de la guerra, sobre todo cuando la guerra puede ser tan espantosa que no queden esperanzas de liberación, de salvarse, al mundo.

[…]

Para qué darle más vuelta a la cuestión.  Este es el quid de la cosa, incluso, el quid de la paz y de la guerra, el quid de la carrera armamentista o del desarme.  Las guerras, desde el principio de la humanidad, han surgido, fundamentalmente, por una razón:  el deseo de unos de despojar a otros de sus riquezas.  ¡Desaparezca la filosofía del despojo, y habrá desaparecido la filosofía de la guerra!



En esa gran batalla planteada por Fidel hace cinco décadas está hoy plenamente vigente. La locura de un mundo con más de 20 mil armas nucleare y millones de armas convencionales tiene que ser denunciada y combatida, so pena de que la especie humana culmine para siempre se existencia en el planeta y otros seres más racionales e inteligentes que nosotros tengan que forjar una nueva historia.

 

Tomado de Cubadebate



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