Aleida Guevara en Población Che Guevara Armas del Pueblo

5 de Mayo de 2013 | 

Crónica de la visita de la hija del Che a la Población Che Guevara, en Chile


Por Juan Jorge Faundes

 

Cuando  Aleida bajó de la camioneta y miró hacia la cancha de la sede vecinal de la hoy población Santa Anita (ex Che Guevara Armas del Pueblo) lo primero que sus ojos vieron, esperando para darle el saludo oficial, fue una decena de hombres y mujeres con un brazalete con letras blancas que decían GAP. Más tarde, le contaron que esas siglas significan literalmente “Grupo de Amigos Personales”, nombre del dispositivo de seguridad del presidente Salvador Allende. Muchos de los miembros del GAP cayeron en combate defendiendo La Moneda, el palacio presidencial y otros puntos de resistencia, otros fueron detenidos y desaparecieron. “Nosotros somos sobrevivientes”, le dijeron. Natalia Guerra, miembro de la “Agrupación de Sobrevivientes del Dispositivo de Seguridad del Presidente Salvador Allende”, contó la historia de la población, de cuando empezaron la toma de los terrenos al grito de “¡Sitio o Muerte, Venceremos!” en los tiempos del presidente Eduardo Frei Montalva, antecesor de Allende. “Nosotros somos elenos”, dijo, por militantes del Ejército de Liberación Nacional (ELN), una antigua tendencia al interior del Partido Socialista. Y como elenos, fuimos escogidos para el dispositivo de seguridad del Presidente Allende. “Yo trabajaba en tareas de servicio”, dijo, “no militares”. Luego le dio el recibimiento oficial: “¡Es un honor para nosotros recibir en esta población a la hija de un guerrero y de un hombre universal!”. Luego la saludó Mario Pérez Gamboa, quien estuvo exiliado en Cuba.  “Yo fui chofer del doctor”, dijo a este periodista. “Y me salvé porque el día del golpe estaba con licencia”. Al finalizar su discurso dijo: “Hoy apoyamos la lucha de los jóvenes en las calles por un futuro socialista, porque el nuestro, en Chile, es un proceso que tiene que parir una revolución.  Y hoy saludo a la hija de este gran hombre, de este gran revolucionario del mundo”. Berta Chandía, la presidente de la Agrupación dijo: “Hemos sido perseguidos, hemos sido torturados, nos han golpeado el cuerpo, pero nuestras ideas están intactas…”

 

Aleida pregunta: ¿Por qué pusieron Che Guevara a esta población?

 

Berta, responde: “Porque es el guerrero universal, porque es un eleno, porque desde que se inició la toma veníamos con el Che en la mente”.

 

Se había corrido la voz entre los jóvenes que el Che había pasado por allí en su primer viaje en motocicleta, pero eso ya es parte del mito, en todo caso, además de en el corazón, en sus acciones y en sus banderas, lo tienen vivo en sus murales, que se los mostraron a Aleida.

 

Ya en la despedida, la saludó la doctora Gloria, defensora de los derechos humanos, que ha identificado cuerpos de GAP desaparecidos en el combate de La Moneda y que es la contraparte del gobierno en el estudio actual de las causas de la muerte del poeta Pablo Neruda. Aunque la noticia oficial es que murió de la metástasis de un cáncer, ella dijo a Aleida: “La última palabra aún no está dicha, todavía estamos analizando”.

 

Antes de terminar la visita, Aleida contó que para el día 11 de septiembre de 1973 ella tenía 11 años y que lloró mucho cuando supo de la muerte de Víctor Jara. Entonces entonó  “Hace falta un guerrillero”, de Violeta Parra… y la cantaron todos los presentes.

 

Quisiera tener un hijo

brillante como un clavel,

ligero como los vientos,

para llamarlo Manuel

y apellidarlo Rodríguez,

el más preciado laurel.

 

De niño le enseñaría

lo que se tiene que hacer

cuando nos venden la Patria

como si fuera alfiler.

Quiero un hijo guerrillero

que la sepa defender.

 

La Patria ya tiene al cuello

la soga de Lucifer;

no hay alma que la defienda,

ni obrero ni montañés.

Soldados hay por montones,

ninguno como Manuel.

 

Levántese de la tumba,

hermano, que hay que pelear,

o la de no, su bandera

se la van a tramitar,

que en estos ocho millones,

no hay un pan que rebanar.

 

Me abrigan las esperanzas

que mi hijo habrá de nacer

con una espada en la mano

y el corazón de Manuel,

para enseñarle al cobarde

a amar y corresponder.

 

Las lágrimas se me caen

pensando en el Guerrillero:

como fue Manuel Rodríguez

debieran haber quinientos,

pero no hay ni uno que valga

la pena en este momento.

 

 

[Véase además un álbum de fotos de este encuentro en la red social Facebook]

 



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